Qué ha ocurrido, luego de las enardecidas palabras sacerdotales? A penas terminó el mes de abril, y ya el primero de mayo la prensa reseña una reunión, con foto y todo, de importantes jerarcas de la Iglesia Católica (el Arzobispo metropolitano Francisco Ozoria, y los obispos Benito Angeles y Faustino Burgos) en el palacio nacional junto al presidente Danilo Medina, y dos de sus funcionarios. ¿Cuál es el mensaje que hay aquí implicado, y a qué nivel de comprensión nos invitan los obispos?
En el periódico “HOY” (1-5-2019) se destacó la reunión de estos dos sectores: iglesia y gobierno, como una reunión de trabajo donde se reafirmaron lazos de amistad y fraternidad durante ese encuentro en el palacio de gobierno. Como el pensamiento es libre cabe preguntarse: ¿Se trató de echar agua al vino? Esto no es posible porque “ese vino” sigue igual de tinto.
Y es que, en todas las acciones que se acometen siempre hay que cuidar las formas, pues aunque la gente sigue necesitando confiar en alguien, está muy descreída. Situaciones como estas no son extrañas, pero de todos modos, dejan como sustrato la desconfianza, y hasta vacíos y desesperanzas.
Si la iglesia tiene proyectos comunitarios en carpetas, o están en ejecución por parte del gobierno, no hay la necesidad de que su jerarquía acuda al palacio a darle seguimiento, pues para eso deben estar otras mediaciones. Este encuentro iglesia – gobierno fortaleció a este último, y debilitó al primero, la iglesia.
Aún estamos en las Pascuas de Resurrección y fresca la amargura de la Pasión de uno que jamás se doblegó, todo lo contrario, por eso el modelo sigue siendo Jesús, y quien lo siga. El echó, a garrotazos, a los mercaderes del templo, y no para ir luego a negociar con ellos.
