Miguel Vargas no convoca a la Comisión Política, que según los Estatutos, debe reunirse cada siete días. No reúne la Comisión Política porque no la controla. No reúne cada tres meses al Comité Ejecutivo Nacional, como mandan los estatutos, porque no tiene mayoría para imponerse
El presidente de facto del PRD no convoca al Pleno Nacional de Dirigentes porque no los puede manipular. No quiere una convención el año próximo, como mandan los reglamentos, porque sabe que perderá 80 a 20, no importa cuántos millones invierta el gobierno o Leonel.
(El señor Vargas, dado que las encuestas colocan a Hipólito como favorito, trata de expulsarlo, aun cuando los estatutos dicen que no puede hacerlo dada su condición de ex presidente de la República.
El señor Vargas sabe que expulsar a los principales dirigentes, incluyendo a Hipólito, decreta la división y el debilitamiento. Amparado en la fuerza del gobierno a través del Tribunal Superior Electoral, Vargas ha secuestrado al PRD colocándole candado a la Casa Nacional, ordenando que nadie, sin su autorización expresa, pueda entrar.
La fuerza que le da el gobierno, que es legal y también mediática, ha convertido a Vargas en un dictador. Las bases se mantienen pisadas sin poder movilizarse y recuperar el partido.
Apoyado por el gobierno del PLD, Vargas viola sistemáticamente las leyes que deben regir la organización. En un acto sin precedentes, el TSE se negó a sí mismo atribuyéndose funciones que la ley no le otorga, le dio aquiescencia a lo que antes había negado, y hasta modificó los estatutos del PRD, para complacer al señor Vargas.
Los hilos que manejan al TSE y a Vargas estaban en el Palacio Nacional. Ahora están en la Casa Nacional del PLD a través de Leonel Fernández.
Vargas tiene órdenes de dividir el PRD ya, bajo cualquier argumento. El TSE y demás entidades legales lo apoyarán. Así las cosas, procede que, dirigidos por la parte institucional verdadera, las bases tomen por la fuerza lo que por ley, justicia y razón, le pertenece: ¡El PRD! (¡Lo dije!)

