Uno de los aspectos menos analizados del reciente discurso del presidente Leonel Fernández es el anuncio de que, para ahorrar, el gobierno no emprenderá nuevas obras.
Esa decisión tiene dos vertientes: es una forma de frenar la corrupción, y, además, podría tener costo político, ya que muchas comunidades reclaman obras esenciales.
Muchos consideran que con lo que se ahorraría en comisiones, podría emprenderse pequeñas o medianas nuevas obras.
Otro aspecto del discurso que llama la atención, es la promesa de entregar dos millones de galones de combustibles a los choferes, que habían anunciado huelga ante los aumentos de los combustibles.
Eso parece muy bien, pero, ¿quién subsidia a la clase media?
No hay que olvidar el principio constitucional que establece que no se puede gobernar para un grupo determinado de la sociedad, sino para todos sus miembros.
Los empresarios que se proclaman sindicalistas del transporte, han utilizado sus organizaciones para presionar a los diferentes gobiernos que hemos tenido, desde la famosa UNACHOSIN hasta hoy.
Usualmente, sus protestas han sido aprovechadas por facciones políticas, a menudo con manifestaciones callejeras que han dejado más de un muerto y no se sabe cuántos heridos.
Los demás aspectos del discurso nos luce que no va a disminuir la desconfianza en amplios sectores, porque en el pasado hubo promesas que nunca se cumplieron, como el ahorro de combustibles que derrochan algunos funcionarios los fines de semana. No se cumplió tampoco la anunciada coordinación de los semáforos.
Esta es una gran oportunidad que tiene el presidente para enderezar algunas cosas. Acaba de formarse una coalición en que predomina la izquierda, que no ganará las elecciones, pero pero puede incidir contra la posible repostulación presidencial.
Hay que esperar el desarrollo de los acontecimientos, porque la política evoluciona rápidamente y uno no sabe a ciencia cierta lo que ocurrirá. Como se ha dicho siempre, en política hay cosas que se ven y cosas que no se ven.

