Opinión

Las cuotas electorales

Las cuotas electorales

Las cuotas de la mujer y de los jóvenes vuelven a generar un problema a lo interno de los partidos ahora posterior a las primarias. Los partidos están obligados a presentar candidaturas conforme a las cuotas establecidas por ley, indistintamente de los resultados de sus primarias, pudiendo forzar la sustitución de candidaturas ganadas en votaciones por asignaciones de dedo.

Las cuotas no solo son claramente antidemocráticas, sino que históricamente han demostrado funcionar en perjuicio de los grupos que pretenden ayudar. La existencia de la cuota de la mujer no ha implicado un aumento proporcional de las mujeres en puestos electivos en las elecciones desde su implementación inicial. No muy distinto ha funcionado para los jóvenes.

Sin embargo, como país insistimos, ahora con la Ley de Partidos, en repetir la fórmula fracasada de forzar cuotas de participación en vez de estimular de forma orgánica la participación de jóvenes y mujeres, de forma tal que estos se ganen sus puestos con votos y no asignaciones de dedo.

La situación se agrava cuando los partidos son forzados a adherirse a esas cuotas luego de celebradas unas primarias, bien costosas a ellos y al país, indistintamente de los resultados obtenidos en las urnas, lo que puede empujar a varias agrupaciones a desestimar la voluntad expresa de los votantes y asignar de dedo algunas candidaturas sólo para dar cumplimiento a la cuota.

Tanto las mujeres como los jóvenes han sido grupos históricamente excluidos de los procesos electorales de nuestro país, e incrementar su participación es un loable esfuerzo; pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, y las cuotas electorales no solo han demostrado ser democráticamente problemáticas, tampoco han dado los resultados esperados, y en gran medida se podría argumentar que operan en detrimento de los mismos grupos que busca proteger.

No se me ocurre bajo cual circunstancia una candidatura asignada de dedo y sin votos puede, de forma orgánica, competir en un certamen electoral y ganar unas elecciones generales.

Esto explica los resultados de años y años de cuotas. De ahí que los partidos priorizan los puestos arrastrables, como regidores y vice-alcaldías, para llenar los requerimientos de ley, hundiendo aún más cualquier posición de liderazgo al que mujeres y jóvenes pudieran aspirar dentro de sus partidos, al relegarlos a posiciones políticas sin mucha perspectiva de futuro.

Las mujeres y jóvenes son más que capaces de forjar liderazgos de forma orgánica y ganarse sus puestos sin necesidades de cuota. Las cuotas son un comodín que ancla sus posibilidades de formar liderazgos al desincentivar su activismo político en busca de espacios de popularidad en la población votante, enfocándoles en cambio en ganar la gracia de la cúpula partidaria.

El Nacional

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