Están destruyendo los pilares, los contrafuertes básicos de la familia dominicana ¿Quién lo ignora?
Están, cual sonidos melifluos, penetrando en los hogares criollos, arrancándole con alucinógenos el prestigio de su humildad, de su sana existencia, tornándola amarga.
Las drogas malditas, perversas, endemoniadas y en contra de los principios religiosos, están ahí, a la vuelta de cualquier esquina!
No sólo jóvenes, sino adultos, las están consumiendo. En polvo cristalino o en pastillas de colores diversos y que llaman la atención por llamativas y poderosamente estimulantes.
A diario se entera uno de casos en que madres angustiadas se ocultan de sus hijos porque las humillan, las acorralan exigiéndoles dinero o tratando de arrebatarles de sus cuellos con malsana violencia- y aún de sus dedos, prendas queridas, heredadas algunas de sus antecesores con profundo contenido sentimental.
¡Es la del Diablo!
¡Las drogas perversas: la sintética, conocida éxtasis; las adiccionantes cocaína y crack; la heroína que deprime, todas están involucradas en la infelicidad de miles de hogares criollos!
Es injusto que no se apoye con mayor decisión la labor de Hogares Crea o de cualquier otro frente de los que luchan para desarraigar esta devastadora guerra, miserablemente dominicanizada cada día más.
Personas hay que están notando, con sorpresa, estudiantes hiperactivos, muy eufóricos, en alrededor de uno que otro plantel escolar y hasta universitario.
Los ven con ojos enrojecidos, hablando irritablemente, con frecuentes estornudos y acompañados de amigos aún más raros.
¡Es la del Diablo!
Una variopinta cantidad de gente no se imagina el infierno que están viviendo núcleos familiares desde que cualquier elemento de su entorno privado cae en el ruedo de la droga sintética o química.
Cae la honradez familiar cuando desaparecen objetos y dinero.
Cando hijos e hijas se aíslan y visten como semilocos o locos completos, rueda por el suelo la fama familiar. Se pierden amistades de años.
Las drogas perversas navegan en las aguas de un mercado millonario corrupto. Sus naves invaden. Poderosamente derriban conciencias. La peligrosa y destructora conjunción de soporíferos corroe los cimientos de nuestra sociedad.
Nuestros gobiernos, la ciudadanía, están en el deber de incrementar la lucha contra las drogas perversas ¡Y olvidarse del mundo!
Aprender
Para saber hablar, es preciso saber escuchar.

