Hace un par de años, la editorial Nehesi, de San Martín, publicó la edición en inglés y francés de mi poemario Evasiones, con la presentación del crítico cubano Emilio Jorge Rodríguez. El lanzamiento de ese libro fue precedido de una gran extrañeza. A menudo me preguntaban por qué había tenido que ser una editorial de San Martín la que tradujera el libro y lo publicara. Y es porque la editorial tiene una visión caribeña.
En la República Dominicana no se traducen nuestros libros a las otras lenguas caribeñas, porque hasta hace muy poco no nos considerábamos parte de un Caribe con fronteras allende Cuba y Puerto Rico, las llamadas Antillas Mayores, nos creíamos solo países iberoamericanos.
Esto significa que antes de preguntarnos por qué no se traducen nuestras obras al inglés, francés u holandés, tenemos que preguntarnos algo que tiene que ver con la identidad nacional y la identidad regional.
Esta problemática se reflejó en un gran debate sobre la identidad de dos muy importantes escritores jóvenes de República Dominicana, curiosamente, los que más renombre mundial han alcanzado: Junot Díaz y Julia Álvarez.
A raíz de sus premios (Junot recibió el Pulitzer) y julia fue seleccionada como una de las cien poetas del siglo, el llamado establishement cultural trató de negarles la nacionalidad literaria diciendo que, como no escribían en español, no eran dominicanos , lo cual dejaría fuera del ámbito de la escritura a los dos millones de dominicanos que viven en el exterior y sus hijos e hijas, quienes, naturalmente, escribirán en las lenguas en que son socializados, aunque están produciendo libros, que curiosamente tienen como temática al país del cual emigraron , la isla de sus sueños. Temas mucho más dominicanos que los que son tratados por muchos de los escritores aún viven en la isla.
¿Puede haber un rico proceso de traducciones en un país que no se ubica geográficamente, desconoce la producción literaria de la región e ignora los grandes aportes teóricos del Caribe a la literatura universal?
Más allá de su encanto, nuestras islas tienen una trampa: la de los azules límites de nuestros bordes. En esos pequeños paraísos, cualquier premio nacional nos hace creer importantes. Somos la poeta Vicioso para el vendedor de periódicos, para el que te ve en la televisión, para el que te saluda en la calle. Se precisa el encontronazo con el anonimato en estos encuentros regionales o mundiales, para entender la necesidad de las traducciones, no como pasaporte al ego, sino como puente, como abrazo.
Nota: Palabras pronunciadas en el panel La Traducción de los Trabajos. Hacia el Desarrollo de las Ediciones Bilingües, con la participación de Suzanne Dracius, de Martinique; Griselle Merced, de Puerto Rico; Ariel Camejo, de Cuba; Velma Pollard, Ian Randle y Olive Senior, de Jamaica, y Chiqui Vicioso.

