Los periodistas dominicanos que excepcionalmente suelen erigirse como testigos y constructores de la historia, pocas veces muestran disposición para hacer catarsis escrita sobre los pros y los contras de su ejercicio por largo o corto que este sea en el escenario público.
Resulta contradictorio, que los redactores de informaciones e historias del diario vivir de todos y todas a la hora de escribir sobre sus experiencias en los medios de comunicación, no lo quieran hacer, asumiendo una autocensura inexplicable.
Los periodistas exigen transparencia, verdades completas, honestidad profesional a los que interactúan en los escenarios públicos y privados, pero no suelen ser tan diligente en hacer lo mismo con sus experiencias vivida en el peligroso y apasionante oficio del ejercicio periodístico.
Para mi asombro, una tarde plomiza de marzo cayó entre mis manos lo que he definido como un testimonio valiente, honesto y enriquecedor para la historia del periodismo dominicano el libro Mis Recuerdos Imborrables, del periodista y abogado Rafael Molina Morillo.
Más que unas memorias, es el testimonio existencial de un gladiador que por más de cinco décadas ejerce con intensidad labores periodísticas, diplomáticas y empresariales en un intento por construir una nueva historia en esas áreas.
El doctor Molina Morillo ha sido capaz con esta publicación romper la virginidad al silencio y gritar ante al mundo global y local lo que ha sido su trayectoria, con sus altas y sus bajas como todo ser humano.
Dentro de esos recuerdos, valiosos todos, en donde el autor a través de su relato trasluce más amargura y dolor, es sin lugar a dudas cuando narra en la página 157 aquella ultima conversación con el asesinado periodista e icono del periosta dominicano Orlando Martínez, en donde revela con dolor que no fue hasta después de su muerte que supo que el distinguido periodista era una importante pieza del Partido Comunista Dominicano PCD.
Otro similar capitulo en donde al autor hace referencia de otra experiencia amarga está en el capítulo 17, página 137, sobre sus relaciones con el fenecido líder político y presidente advitam del Partido de la Liberación Dominicana, profesor Juan Bosch, donde relata su ruptura con el maestro del relato breve latinoamericano, al punto de ¿Bosch¡ dejarle la mano tendida delante todo el mundo en una recepción privada.
En el libro mis recuerdos imborrables, el doctor Molina Molina Morillo, también define como unos de los momentos más negros de su carrera su renuncia del Periódico Listín Diario el 4 de febrero del 2000, sobre este caso el autor revela lo siguiente en la página 227 : ¨ Como tenía que suceder, llego el día en que no se podía resistir más la desconsideración de parte de Eduardo Pellerano, traducida en una reiterada preferencia para despachar los asuntos del periódico con mis subalternos Mozart Deláncer, Pedro Caro y Manuel Frontán, en vez de hacerlo conmigo. Estos tres nefastos personajes, a quienes yo lleve a funciones importantes, decían ¨ sí señor ¨ a todos los disparates que salían de la mente de Eduardo, inspirados en gran medida por la influencia que ejercía sobre este su amigo y socio Donald Guerrero hijo¨.
El periódico se entregó total y descaradamente a apoyar las aspiraciones presidenciales del político peledeísta Danilo Medina Sánchez, presumiblemente a cambio de futuras concesiones y contratos que finalmente nunca se materializaron porque Danilo no gano las elecciones de ese año¨, termina el relato.
Otro capítulo aterrador es el que está contenido en la página 113, capitulo 16, titulado¨ La explosión que parió un periódico¨ en donde describe con profunda amargura como la noche del martes 5 de octubre de 1965 hicieron volar por los aires, mediante la detonación de una fuerte carga de explosivos militares, las instalaciones de la Revista Ahora, incluyendo prensas, almacenes y oficinas.
Tan pronto tuvo noticia de la explosión, agrega Molina Morillo, hizo acto de presencia junto a su esposa Francia a las instalaciones devoradas por el fuego y, aterrorizados e impotente ante aquella escena dantesca de ver hecho añico todo sus esfuerzos e ideales en un abrir y cerrar de ojos, sólo atinó a decir ¨ Si creen que nos van callar, están equivocados, no sé cómo, pero volveremos a sacar la revista y también saldremos con un periódico vespertino¨. En ese momento es que nace el periódico El Nacional de Ahora.
La sociedad espera que al igual que el doctor Molina otros veteranos periodistas como don Radhamès Gómez Pepín, Silvio Herasme Peña, Juan Bolívar Díaz, Luis Eduardo Lora (Huchi), Cesar Medina, Osvaldo Santana, Quiterio Cedeño, Virgilio Alcántara, se animen a recoger en un libro sus testimonios de sus peores y mejores momentos vividos durante su dilatado ejercicio periodístico como una forma de dejarlo como legado a las actuales y futuras generaciones de periodistas.
