Opinión

Las hogueras

Las hogueras

Había una vez un señor que se llamó  Girolamo Savonarola.  Nació en Italia en 1452 y murió en 1498 y cuentan las lenguas históricas que este señor religioso dominico y predicador se le atribuye ser el propiciador de lo que se ha llamado hogueras de vanidad.

En palabras criollas, una quemazón con todo incluido. Desde cualquier cosa que pudiese significar lujo (cosméticos incluidos) hasta libros que fuesen considerados lujuriosos o licenciosos. La homosexualidad, ni hablar, era un tema  de su guerra contra la depravación.

Según el predicador a los poderosos del mundo solo les interesaban los bienes y solo se  preocupaban de obtener beneficios. ¡¡Y eso que el capitalismo aún no había hecho su entrada triunfal!! ¿No se supone que la crisis financiera del mundo de hoy es responsabilidad de los ricos que solo se preocupan de obtener beneficios?  La especulación de los ricos y poderosos es la culpable.

Pues resulta que este señor predicador llega al poder y gobierna la República de Florencia y como es de suponer crea una policía especial dedicada a perseguir todo aquellos objetos que representaran la vanidad o el pecado y zassssssss para la hoguera de la vanidad. ¡! Qué coincidencia!! En Arabia Saudita existe la Policía para la Protección de la Virtud y Prevención del Vicio: la Matawain. No queman pero lapidan y ahorcan, homosexuales incluidos.

Al Fray Savonarola le aplicaron la misma medicina. En 1497 fue expulsado de la Iglesia y al año siguiente el Papa ordena su arresto y al año siguiente su ejecución.  Cuenta la historia que acusado de hereje se le quitó la ropa y fue quemado en la hoguera.  Sus restos se redujeron a cenizas y fueron arrojados al río Arno para que no quedaran huellas de manera que sus seguidores y partidarios no lo convirtieran en reliquia.

¡Y dale con las coincidencias! A más de 500 años de la muerte de Savonarola el cuerpo de Osama bin Laden, eso sí, esta vez limpio y vestido que hay que cumplir con los rituales religiosos,  es arrojado al mar para que sus seguidores y partidarios no conviertan sus   restos en una ¿reliquia?

Debe tener razón el filósofo al decir que la característica que más nos iguala es la imbecilidad. ¡¡ Y es histórica!!

El Nacional

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