Presentan varias lecciones los acontecimientos de Europa, donde el pobre manejo presupuestario y del servicio de la deuda por parte de algunos países tiene al mundo al borde de una catástrofe económica mucho mayor que la vivida en 2008.
La primera de todas es que hay que olvidarse por un largo tiempo de la tan cocinada moneda común regional de Latinoamérica. Si Grecia, España, Portugal, Italia e Irlanda son llamados poco responsables por su manejo de la deuda soberana y el gasto, los países latinoamericanos somos un circo. En ninguno existen garantías de uniformidad y estabilidad en las políticas públicas que puedan sustentar a largo plazo la responsabilidad de llevar una política monetaria común.
El tropezón griego y las dudas sobre las deudas soberanas de otros cuatro países de la Unión Europea implica que los países en jaque tienen que aplicar medidas bien restrictivas para poder enfrentar el déficit de sus presupuestos públicos lo que va a ralentizar notoriamente cualquier tipo de recuperación económica esperada por ellos; y los países que tuvieron políticas fiscales más prudentes van a ver el precio del Euro desplomarse por los descuidos de sus socios, y por consiguiente dejando afectada su capacidad exportadora. Eso en esta región sería catastrófico.
Por otro lado está el nivel de gasto. En el caso español el déficit fiscal ronda el 13% de su PIB debido a su excesivo gasto social, en particular en su sistema de pensiones, ayudas por desempleo y programas como el que paga a parejas españolas por tener hijos o a inmigrantes por irse. España se compromete a reducirlo hasta el 3% exigido por la Unión Europea para el 2013, pero es altamente improbable.
La economía española sigue sufriendo el desplome de su mercado inmobiliario y las construcciones. El nivel de desempleo allá ya pasó el 20%, el beneficio que paga el Estado español a los desempleados sumado al alto costo legal de contratación de nuevos empleados van a hacer la reducción de ese número lenta. Hay dos opciones, o se sostiene el gasto social poniendo en jaque mate la economía o se asume el elevado costo político de recortarlo.
Como si todo eso no fuera poco, España aprobó hace no mucho, una ley anti-inmigrantes con la ingenua esperanza de favorecer a los nacionales españoles en la demanda de empleos. O sea, España está expulsando y pagándoles para irse a una parte importante de su productividad y demanda interna, justo cuando más la necesita. Llama a la curiosidad que los países con las leyes anti-inmigrantes más fuertes de la Eurozona, España e Italia, sean de los de peores perspectivas económica en la región.
En República Dominicana ya el déficit fiscal va rondando el 5% del PIB, el gasto social va aumentando notoriamente, el costo de contratar nuevos empleados es sumamente elevado por las chulerías legislativas del Código Laboral y la Ley de Seguridad Social, el gasto corriente va aumentando con cada municipio, junta municipal, provincia, préstamo o proyecto que el Congreso se saca del bolsillo, etc.
A final de cuentas no venimos tan distintos de España, Grecia o Portugal lo que no es buen presagio. Pero, estamos a tiempo de evitar llegar al nivel crítico que viven allá. Si no nos damos por enterados y asumimos estas lecciones ahora, nos vamos a lamentar mañana.

