En estos tiempos en que tantos problemas y males atenta en contra la estabilidad e integridad de nuestras familias y en contra el futuro de nuestra sociedad, debemos recurrir alas madres como el principal y mas só1ido soporte moral de nuestra nación, a fin de que tengan una participación mas activa no solamente en la vigilancia y educación de sus hijos, sino también en la dirección de los estamentos del Estado y de nuestras entidades políticas y sociales.
Lo expuesto llama a nuestras progenitoras a romper con el letargo e indiferencia que ha primado en ellas por muchas décadas en la toma y control de decisiones en el ámbito de los diferentes estamentos de nuestra nación, debiendo pasar a ser de simples espectadoras alas principales actoras dentro de nuestras iniciativas y ejecutorias políticas y sociales, a fin de que nos enrumbemos hacia la formación de un entorno que nos garantice a todos por igual y con las mismas oportunidades, la paz, el amor, la confraternidad y la justicia social que hagan una realidad posible y palpable el bienestar integral y el desarrollo sostenible.
Nuestra sociedad necesita de sus valores mas puros y sanos que los representan las madres, correspondiéndoles por tanto a ellas llenarse del valor, la fuerza y templaza que les permitan integrarse a tareas y responsabilidades que sobrepasen su actual rol en el hogar o la del mero empleo para ayuda del sostenimiento del núcleo familiar, para así jugar el rol protagónico que se urge de su parte en la impostergable tarea de no solo sacar alas familias dominicanas de su real resquebrajamiento, sino también, de salvar a nuestra nación víctima del caos, la pobreza y el atraso social.
Esta integración que no espera mas, deben hacerlas nuestras madres junto a sus hijos, para que como mentores y guías de los mismos, les tracen las rutas correctas que deberán seguir para enfrentar y detener el acelerado proceso de degeneración de los valores morales y el crecimiento de la delincuencia que en todos los ordenes y estratos sociales nos afectan, así como, para dotarles de la inteligencia, sabiduría y fortaleza moral que les permitan entender que el mejor éxito personal se obtienen cuando se logra el de la colectividad, par ser el mas firme, sostenible y duradero.
En este proceso las mismas no solo deben cuestionarse, sino también asumir una actitud decidida a fin de entender que si bien es cierto que es necesario vacunar a sus hijos para protegerlos de las enfermedades físicas, resulta mas importante su vacunación contra las enfermedades sociales, por ser las mas peligrosas, ya que quizás no destruyan el cuerpo, pero corroen la mente y el alma de los humanos.
Por tanto estas deben tomar en sus manos la labor de saneamiento moral, a fin de contribuir que además que sus hijos sean sanos y puedan convivir pacifica y justamente, recatar a esta sociedad de su muy significativa perdida de los valores morales, inculcando y concientizando a sus hijos en tomo a que es preferible vivir humildemente pero con la satisfacción de ser honestos, por ser finalmente mejor tener honor que poseer fortunas provenientes de dudosas actividades.
Nuestras madres les cabe la responsabilidad de enseñar a sus hijos. que es preferible por sobre todo ser honestos y recibir toda la satisfacción que esta virtud les puede dar y traer, ya que, de nada les valdría y serviría tener fortunas malas habidas cuando la sociedad y Dios les señalen como delincuentes.
Donde quiera que estén las madres dominicanas. con su autoridad, su amor y experiencia deben orientar y guiar a sus hijos hacia la practica de la honestidad, la responsabilidad y el cumplimiento del deber, pues estos son los tres pilares de todo hombre o mujer de valor dentro de la sociedad.
Si todas las madres cumplen con su deber y la nueva tarea que de ellas se requiere asumir, lograremos el establecimiento de una nueva sociedad dominicana y una patria real mente gloriosa como lo enarbolaron y asumieron como estandarte Ercilia Pepín, Filomena Gómez y las hermanas Patria, Minerva y Teresa Mirabal.

