¿Qué Pasa?

Las Señoritas de Aviñón

Las Señoritas de Aviñón

Inspirada en un famoso cuadro de Pablo Picasso, Las Señoritas de Aviñón, como homenaje a un grupo de mujeres de una casa de citas sexuales, en la cual el artista, en sus tiempos de crujía, compartió en su juventud, la escena dominicana se dignifica en el presente año. El público que asistió al montaje en la Sala Ravelo percibió un trabajo de gran compromiso profesional y que permite el   lucimiento en la actuación dramática, de un grupo ciertamente  bien enfocado en la interpretación. La concluida representación de Las Señoritas de Aviñón, de Jaimen Salom, a cargo de la Compañía  de Teatro Flor de Bethania Abreu, ha dejado un agradable sabor de buen quehacer escénico, con la administración de los recursos de iluminación, vestuario y escenografía, pero su principal aporte es el desafío superado de sus actuaciones  por parte de estas mujeres y un actor, evidentemente. El Centro Cultural de España es el principal auspiciador de este montaje que vuelve a traer a las tablas del país, el trabajo del reconocido dramaturgo ibérico Jaime Salom, quien en la vida real es además un  médico oftalmólogo de gran prestigio en Madrid.

El CCE cumple un papel fundamental en el apoyo a los movimientos culturales y a los artistas de diversas generaciones. Es el autor de la pieza Media Hora sin Televisión, presentada en el 2007 en la Sala Ravelo.

Las actuaciones

Patricia Banks es la gran sorpresa por la intensidad y dramatismo de su entrega. Esta artista singular, fotógrafa, es mucho más que un rostro hermoso y caracterizado por la armonía. Lillyana Díaz evidencia una veteranía  digna como La Madame. Yorlla Castillo acentúa la seriedad con que ha adoptado una carrera difícil y que demanda un compromiso personal que hasta puede afectar su estabilidad familiar, pese a lo cual se maneja con limpieza y habilidad. Karla Hatton es poseedora de un don escénico particular. Su sola presencia en escenario marca una promesa que seduce al espectador. Patricia Muñoz deja sentir una personalidad teatral que debe fomentar de más en más.  Johanna González se sabe conciente de la importancia del desafío que planeó la Flor de Bethania y se conduce con responsabilidad incluso en las escenas en que se juega con el lesbianismo. Wilson Ureña, buena selección de talentos, se pone a la altura de un espectro histriónico dominado por el acento femenino y hace un Pablo Picasso que le aporta buenos puntos a su joven trayectoria.

Un apunte

Una maestra

Flor de Bethania Abreu, una actriz domínico-española representa toda una vida entregada al Teatro de calidad. Maestra de varias generaciones, la decana teatral tiene ofrece en este montaje una demostración de dirección inteligente que sabe asignar los papeles de un trabajo exigente y que sirve de punto de mira a un quehacer abordado con seriedad.

Ojalá se repita y que sea tomado en cuenta en las nominaciones de El Casandra.

El Nacional

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