Opinión

Lecciones de una victoria

Lecciones de una victoria

Pedro P. Yermenos Forastieri

El equipo de las Águilas Cibaeñas, uno de los más importantes de la Liga dominicana de béisbol acaba de coronarse campeón después de diez temporadas sin ganar un campeonato pese a haber participado durante ese lapso en varias series finales. Esa circunstancia tenía decepcionada a su fiel fanaticada que, pese al infortunio, continuaba respaldando su equipo.

¿Qué estaba ocurriendo a lo interno de un equipo acostumbrado a ser ganador que lo hizo tener que esperar una década para retomar la ruta victoriosa? Quizás como pocos otros conglomerados deportivos, el que tiene su sede en la ciudad de Santiago se caracteriza por poseer una mística extraordinaria, que lo conduce a jamás considerarse derrotado y luchar hasta el final de cada partido para intentar salir airoso.

Como es obvio suponer, la preservación a lo largo del tiempo de una actitud de esa naturaleza no se sustenta sobre bases frágiles. Eso supone la reunión de un conjunto de variables que generan una cohesión determinada que empuja hacia la obtención de resultados favorables.

Para la prolongación de esa circunstancia, fundamental para mantener un elevado nivel de competencia y calidad en la ejecución de tareas, hay que estar constantemente atentos y trabajar segundo a segundo para que los resortes que soportan el andamiaje que deriva en éxitos no sufran fisuras.

La pérdida de esos elementos fue factor de primera magnitud para que la Águilas extraviaran el sendero ganador durante tanto tiempo.

Eso condujo a la organización a falta de disciplina, muchos de sus integrantes no asumían sus roles con la responsabilidad debida sin aplicarse las correspondientes consecuencias, se perdieron las garras de una águila intrépida, que con vuelo de altura enfrentaba fieras terribles con las cuales se batía en duelos emocionantes. En resumen, desapareció la mística.

Las cosas empezaron a cambiar cuando se contrataron los servicios de organizadores de categoría y se estructuró un grupo de dirigentes que asumió sus funciones con la debida disposición de rescatar las esencias del equipo e imponer una nueva dinámica de trabajo que rompiera con los vicios que se habían entronizado.

Lo ocurrido con Las Águilas no es de su exclusividad y su experiencia debiera servir a otras entidades que habiendo tenido un origen promisorio, y haber surgido para la consecución de metas elevadas, permitieron que las ambiciones personales, la felonía a sus fundadores, la corrupción e impunidad, las hayan convertido en lastimosas caricaturas de su pasado. ¿Tienen solución?

El Nacional

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