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Lecciones del Clásico

Lecciones del Clásico

Orlando Jorge Villegas

El World Baseball Classic 2026 dejó mucho más que emociones y batazos espectaculares: nos dejó lecciones profundas.

En esta edición, el torneo finalmente alcanzó su madurez como el espectáculo global que la Major League Baseball había soñado desde su creación. Por primera vez, se sintió como un verdadero “Mundial del béisbol”, con una participación internacional genuina, audiencias récord y un seguimiento sin precedentes.

El Clásico se metió en las redes, en los medios, en las conversaciones cotidianas y hasta en el radar político. Eso, para cualquier industria, es señal de que el producto finalmente alcanzó otra dimensión.

En República Dominicana, el torneo tuvo un efecto emocional evidente. Fue una bocanada de aire fresco. El país vivió pendiente de su selección, con un entusiasmo que unió a toda la sociedad en torno a un sentimiento compartido.

La atención pública se concentró en ese equipazo que despertó ilusión desde el primer día. Hacía tiempo que la nación no encontraba un evento que canalizara tanta emoción colectiva. En medio de los retos cotidianos, la selección nos dio una causa común y nos recordó la fuerza de la identidad dominicana y el poder del béisbol como pegamento social.

Pero el béisbol, como la mayoría de los deportes, también castiga la improvisación, el exceso de emoción y las malas lecturas.

En eso se encuentran lecciones importantes que no debemos pasar por alto. A pesar del talento enorme que lograron reunir Nelson Cruz y Albert Pujols como gerente general y dirigente, respectivamente, nuestra selección no llegó a la final. Sí, fue un espectáculo ver a esos muchachos con su energía y su manera de vivir el juego. Eso conecta y fideliza a la fanaticada. Pero seamos honestos: lo que queríamos era ganar.

Una vez más se demuestra que la fama y la trayectoria estelar no garantizan éxito institucional. En torneos así se necesita una gerencia sobria, y una estructura que priorice disciplina, balance, planificación y ejecución antes que el brillo individual.

La historia reciente lo confirma: un gran ejemplo es el equipo campeón de 2013, que combinó estrellas con jugadores emergentes y figuras de la LIDOM, bajo una gerencia efectiva. Como bien anticipó José Miguel Bonetti, propietario del Escogido, al inicio del torneo, “ojalá no cometan los errores del pasado”. Su frase hoy resuena con más fuerza.

Aun así, corresponde reconocer el esfuerzo de todo el colectivo. Entre los jugadores, destacó Junior Caminero, símbolo del futuro por su energía, madurez y respeto por el juego.

Él encarna la nueva generación dominicana que promete mantener viva nuestra hegemonía en el diamante.

Por: Orlando Jorge Villegas
orlandosjv@gmail.com

El Nacional

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