Si usted asiste a una misa católica todos los días, es probable que dentro del ciclo litúrgico de 3 años de la Iglesia escuche un poco menos de 1/3 de la Biblia. Si solo asiste los domingos y en las fiestas de guardar ese número se reduce drásticamente a menos de 1/8.
Por lo que, al momento de surgir el debate sobre la lectura de la Biblia en las escuelas, como no creyente que soy, me encantó la idea de exponer a los estudiantes al 100% de la Biblia para que conozcan al ser infantil, egoísta, vengativo, deshonesto, arrogante, prejuiciado y resentido que ese conjunto de libros describe como Dios, y que en parte me convenció de su inexistencia. Pero el debate me empuja a pensar un poco más allá, consciente de que la raíz de la conversación es la formación de seres humanos y específicamente niños.
La base de todas las religiones descansa en la fe, que es la creencia sin evidencias. La idea de plantear que en las escuelas se les enseñe a los estudiantes conceptos falsos o carentes de evidencia en cualquier materia, sería un escándalo por todas las razones correctas. Las escuelas no enseñan la teoría de la Tierra plana, ni hablan de Rafael Trujillo el demócrata, ni analizan la órbita elíptica de la tetera que está entre Marte y la Tierra.
Como sociedad deseamos que las escuelas sirvan para adquirir conocimientos, lo que requiere que la información que constituye un conocimiento esté respaldada de evidencias y de la razón.
Pero más allá de la enseñanza religiosa ¿tiene algún mérito la enseñanza sobre la religión? Es evidente que la religión es una parte importante de la historia y las culturas de la humanidad, y los libros sagrados de las distintas religiones son expresiones literarias propias de su época que tienen su mérito aún si solo para servir como un reflejo de los tiempos en que estas fueron escritas.
Pero la enseñanza sobre la religión dista mucho en cuanto a su forma y propósito de la enseñanza religiosa, siendo la primera un ejercicio educativo legítimo y la segunda algo más cercano a un adoctrinamiento y proselitismo.
Creo firmemente en las libertades individuales, incluyendo la libertad de autodeterminación, pero debo admitir que siento cierto conflicto interno cuando se trata de la enseñanza religiosa a niños y adolescentes.
Fui criado católico, asistí a una escuela y una universidad católica, y en adición a ello estuve expuesto directamente al evangelismo.
Y aunque no dudo por un segundo la buena voluntad de todas las personas que me expusieron a esas enseñanzas, todavía hoy me pregunto como hubiera sido sin los temores irracionales, la desinformación, los complejos y las inseguridades que me fueron impuestos por esa educación, y las limitaciones al desarrollo de un pensamiento crítico que esta significó por el tiempo en que fue parte significativa de mi vida. Haciendo hincapié en que no fue algo que yo elegí, sino algo que fue elegido por mi cuando yo no era capaz de raciocinio.
Hay una cantidad significativa de razones legales para mantener la lectura obligatoria de la Biblia y la enseñanza religiosa fuera de las escuelas, pero también pesan las razones morales en contra de la misma no solo en las escuelas, sino también en los hogares.

