La pasada campaña electoral no comprometía la presidencia de la república. Se trataba de un certamen congresual y municipal. No obstante, el primer mandatario se involucró en el mismo como si su propia continuidad en el poder estuviese en juego. ¿Acaso, desde su lógica y estrategia, sí lo estaba? La respuesta afirmativa, es la segunda tesis de este trabajo.
La ocasión se producía cuando la crisis económica internacional, de inevitables consecuencias internas, continuaba esparciendo sus terribles secuelas. Las grandes economías aún ensayan fórmulas para enfrentar el fenómeno que les permita disminuir tales repercusiones.
Una vez más, y aunque parezca increíble, en este país, dentro de ese panorama de preocupación, su líder fundamental reincidió en lo que se ha convertido en una conducta cíclica en nuestra historia económica, abrir de par en par las arcas nacionales y tirar por las ventanas miles de millones de pesos. Con tan irresponsable actitud, dejó establecido, sin la menor duda, que para él lo prioritario eran los resultados de esas elecciones y que en ellas se decidía su futuro político de corto plazo.
Para dar continuidad a la nefasta tradición, después de los platos rotos se precisa buscar los sufragantes de su pago que, como lo habitual, serán los sectores más vulnerables en la escala económica nacional. De esa forma, envueltos en burdos argumentos retóricos, las autoridades anuncian el incremento de impuestos que habrán de desatar una escalada inflacionaria que hará más difícil la subsistencia de la población. El paquetazo se intenta introducir ahora, rápido, en un cálculo que pretende disponer del tiempo requerido para borrar el efecto pernicioso antes de que las urnas se reabran.
Es imposible comprender la intensidad en la participación del presidente en el proceso electoral si no se relaciona la misma con las trascendentes responsabilidades que asumirá el congreso que se estrena el 16 de agosto. El nuevo texto constitucional conmina a la elección de altísimos órganos del aparato público. La nueva estructuración del Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Electoral, la Cámara de Cuentas, la Junta Central Electoral, la nueva Suprema Corte de Justicia, el Consejo General del Poder Judicial, ente otros, explican el frenético interés mostrado por el presidente de tener mayoría aplastante en el Congreso y, de manera particular, en el Senado. Nada casual la defensa acérrima del PLD de una senaduría cuya victoria estuvo en riesgo. ¿Ambición o descuadre de cálculos matemáticos?

