Opinión

Leonelismo

Leonelismo

La historia dominicana nos muestra un registro desastroso de retornos políticos o intentos por lograrlo de personajes cuya trayectoria al frente de la cosa pública justificaría mucho más un ingreso a las ergástulas que su reacomodo en la poltrona presidencial. Eso ha sido posible por la secular carencia de institucionalidad que ha aparejado el predominio pernicioso de caudillos y caudillitos que se obsesionan con la falsa idea de que resultan imprescindibles cuando es precisamente lo contrario y lo que siempre ha urgido es su definitiva desaparición del escenario público nacional.

Qué círculo vicioso tan terrible el nuestro. Tanto, que ha provocado una cantidad exigua de presidentes en nuestra vida republicana, consecuencia del gran cúmulo de períodos que han asumido unos pocos y, por lo general, nefastos mandatarios.

Las manifestaciones y las formas de ejercerse ese personalismo dañino han cambiado con el devenir del tiempo, pero en esencia sigue siendo la misma presunción de que sin ellos compramos un pasaje sin retorno al infierno. Del otro lado ha estado el puñado de estadistas liberales de escasísimo tiempo en el poder o lo que es peor, algunos que lo alcanzaron con ínfulas liberales y terminaron rendidos ante el conservadurismo y el mesianismo prevalecientes.

La más reciente expresión de que entre nosotros el retiro político no existe, acaba de ofrecerla el expresidente Leonel Fernández con su anunciada disposición de intentar procurar una nueva candidatura presidencial que, por su afirmación de que lo hace sin marcha atrás, se presume que de no lograrlo por su partido lo haría por otra organización. En el acto de proclamación, se hizo énfasis en que representa una especie de ideario al que se le denominó Leonelismo, en obvia pretensión de sustituir el Boschismo que en tiempos remotos se enarbolaba como cuerpo doctrinario del PLD.

Ante tal pretensión, uno pregunta ¿en qué consiste eso? ¿Estará incluido en esa corriente de pensamiento la protección descarada a groseros actos de corrupción cuidadosamente blindados con impunidad derivada de una estructura institucional y un aparato judicial colocados al servicio de tan deleznable propósito? ¿Abarcará la creación de una claque económica opulenta a través de negocios estatales, privilegios, concesiones de grado a grado y creación de fundaciones obscenas a partir de vulgares mecanismos de utilización de la figura presidencial para recaudar patrimonios?.
Qué triste puesta en escena la nuestra, idénticos actores descalificados por actuaciones previas, aplaudidos por un público cómplice de tan horrible montaje.

El Nacional

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