Teoría del agua fría.-
Por Oscar López Reyes
(oscarlopezperiodista@gmail.com).-
Si porta una pistola, cuchillo, machete, tubo o palo, y por un accidente de tránsito, una discusión o una palabra mal dicha, un sujeto le propina a usted una soberana bofetada, en presencia de innumerables personas, más le conviene irse tranquilamente a su casa, ponerse un paño de agua fría y acostarse, respirando pausada y profundamente.
Responder ojo por ojo y diente por diente, dejando un cadáver en el pavimento, implica:
a) ser encerrado en una ergástula, b) exponerse a una condena de 30 años, c) vivir en una vigilia e incertidumbre por una posible contraofensiva, y d) cargar con el baldón social de que “mató uno”, aunque haya purgado la pena judicial.
Soportar estoicamente, sin repeler como un macho o héroe, un pescozón en plena vía pública significa, más que una cobardía, una valentía despojado del vanidoso orgullo varonil; una reverencia pacifista y una obediencia a las leyes.
Luego de descansar y de que el agua fría haya disminuido la magulladura, procede presentar en un tribunal una imputación por agresión física. Con las evidencias probatorias (testigos presenciales, imágenes grabadas, los moretones, etc.) procurar una condena penal y civil.
Generalmente, el embestido recurre a la violencia, y cuando despierta tras las rejas, bajo miradas repelentes y aguardando una sentencia, se da golpecitos en el pecho y se lamenta de que no lo pensara. Entonces pide perdón, reza y realiza trabajos sociales para que un juez le reduzca el castigo.
Postulamos, como pitanza de lo que ahora bautizamos como Teoría del Agua Fría, un axioma: A mayor brusquedad, más sufrimiento. Y, a mayor pasividad, más paz. Matar conduce a una prisión máxima de 30 años, y si el atacante apela a la justicia sería sancionado a unos tres meses de cautiverio , y pagar una indemnización a favor del abofeteado.
Más que aplicar una ecuación matemática o algebraica, el léxico ilustra más claramente la escena del arrojado/inculpado, que se desglosa en tres:
1) Agresión: ruindad, ignorancia y despreciabilidad; 2) Agrietar: afonía, despedazar y desvanecer, y 3) Agravamiento: complicación, declinación y culpabilidad.
Para prevenir el asesinato ante una resonante pescozada, el quid está en la Teoría del Agua Fría (hielo en un trapo o toalla) que relaja los músculos y reduce el rojizo de la piel, la hinchazón y la ansiedad, si el arremetido no requiere el urgente auxilio médico por la pérdida del conocimiento, la visión o el habla.
Para contener el desquiciamiento por un cachetazo se precisa de calma y paz, o sea, de una ecología mental o inteligencia emocional suprema, que se logra con la evasiva terapia espiritual, como el yoga, los retiros místicos, la psicología transpersonal, el tratamiento corporal integrativo y la neuroteología.

