Un fracaso de asistencialismo electoral
El asistencialismo afloró, abruptamente, como tendencia vanguardista en elecciones 5/julio/ 2020, propulsada inicialmente por el contendiente presidencial del PLD, Gonzalo Castillo.
No obstante invertirse miles de millones de pesos en auxilio social, económico y en publicidad, esconder a cortesanos de su partido con imágenes de corsarios (para no contaminar la imagen “refrescante” marca/candidato) y dejarse crecer las barbas, perdió con una diferencia de 617 mil 788 votos (15.06%) con relación a Luis Rodolfo Abinader.
Nunca antes en una campaña habían rodado tantos “molongos”, “billuyos”, “toletes”, “jáquimas” y “virutas” (más de 32 mil millones de pesos) para sofrenar la propagación de la covid-19, apoyar a los sectores productivos, preservar empleos y -como ósmosis- respaldar a su candidato, a fin de impactar a votantes.
En esos planes de marketing social-electoral, el gobierno y su aspirante trabajaron en 10 frentes, abarcativos de amplios segmentos de las clases bajas, medias y altas, tanto del campo como de las ciudades.
Recontemos: 1.- Seguridad laboral a 900 mil empleados públicos, 2.- “Quédate en Casa”, 3.- El FASE, 4.- Créditos a hogares y empresas, 5.- Financiamientos a Mipymes, 6.- Prórrogas en la DGII, 7.- Tarjetas de créditos del Banreservas en Salud Pública, Fuerzas Armadas y Policía; 8.- ¡Pa’Ti” para trabajadores independientes, 9.- Alimentos a marginados, y 10.- Rescate por Gonzalo a dominicanos en el exterior.
Estos incentivos buscarían repercutir en 5 millones de personas, pero Gonzalo sólo sacó un millón 537 mil boletas, lo que significa que tres millones 500 mil de favorecidos votaron en contra, vociferando secretamente “cogemos la fundita y no somos peledeístas”, en un fracaso del asistencialismo clientelar mercurialista.
¿Por qué ese descalabro…? El “factótum” “multiplex” se balanceó, velludo y destemplado, por los ventanales:
1.- Insatisfacción con manejo de pandemia, denuncias de corrupción, ruidosa ostentación de poder, desempleos, ayudas fueron “pírricas” o no les llegaron, etc.
2.- Identificado el candidato como monaguillo del jefe del Estado para la continuidad, y jugador improvisado.
3.- Sufragantes no acudieron a urnas por temor al virus, o desencantados con autoridades.
4.- Desproporcionada publicidad saturó cerebros y engendraron una disonancia cognoscitiva.
5.- Intención de sustraer libre derecho de elección, con irracional uso de recursos estatales.
6.- Pobreza discursiva y refugio en muletillas del postulado.
7.- Escasa empatía y credibilidad por abundantes ofertas.
8.- Fingida autenticidad y protagónica filantropía nunca antes conocida.
9.- Entrega de artículos de consumo en forma interpretada poco digna.
10.- Competencia desleal e imputación de corrupción.
Conquistar la mente del elector e inducirlo a la acción es similar a la mujer, que para mantenerla contenta se precisa autenticidad, delicadeza, equilibrio, afectos y pasión.
La nutrición alimentaria influye, pero no es determinante en la armoniz.
Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

