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Libre pensar

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Las manos, ¿dónde te las pones…?

Cuando Sinforoso Treviño veía que una persona salía de un baño de la universidad, se metía las manos en los bolsillos –con la cara más seria que un juez- para no estrechárselas, aunque tuviera las barbas largas, o fuera un profesor ambidextro o su rector magnífico. Buscaba evitar que su cuerpo fuera invadido por microbios vagabundos.

En el 2020, Jíbaro Orellana, presidente empresarial, se confió en la mascarilla, y todos los días despachaba con su asistente. “Ella jamás se imaginó que estaba contagiada”, refirió, “como tampoco yo me lavé las manos, me las pasé por la cara y terminé en una sala de cuidados intensivos”.

Pero, ¿son las manos sólo agentes transmisores de gérmenes? No. Esa es la capa del organismo humano que más interacciona con objetos y personas en la sociabilidad. Nombremos 10 empleabilidades:
1.- Alimentación: cocinar y comer.
2.- Manual/digital: escribir, limpiar zapatos, remendar ropas viejas y agarrarse el ombligo.
3.- Medicina: medir presión arterial/temperatura y sacar muelas.
4.- Iglesia: Santiguar y suministrar la hostia.
5.- Agricultura: sembrar los alimentos y ordeñar las vacas.
6.- Quirología: análisis de los rasgos de la personalidad amparado en su tamaño, ancho, líneas y signos.

7.- Quiromancia: lectura esotérica de las manos para adivinar el destino de una persona.
8.- Onicomancia: estudio de la salud a través de las uñas.
9.- Cálculo del tiempo: método que determina edad y predecir la muerte.
10.- Los dedos: más relacionados su estudio con la astrología, denotan honradez, delicadeza, defectos y amor, como el anillo de noviazgo.

¿Dónde las personas se ponen las manos? Por impulsos nerviosos, o por conductas aprendidas, la sensibilidad táctil deambula, por lo menos, por cinco hamacas: la mujer se acaricia las cejas, el hombre se enrosca los bigotes, el ministro de Salud Pública se rasca la nariz, el médico se estruja los ojos y el muchacho se mete los dedos en la boca.

Las extremidades son un cauce para coger el coronavirus. Pinta como ridículo amarrárselas a cada persona para que no se las ponga en la boca, la nariz o los ojos, aunque sì podemos rogarle que se las higienice constantemente, con un chorro de agua y jabón durante 20 segundos, o con soluciones hidroalcohólicas, antes de jondearse los bocados de comida o manipular en el baño algún órgano del cuerpo.

Para no querer tapar el Sol con un dedo, tenemos que esconder o enjuagar las manos, a fin de que no sean invadidas -con designio luctuoso- por un virus que no respeta que sea psíquica o artística. El momento invita a dejar en paz los 27 huesos de la muñeca, la palma y las yemas de los dedos…

Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

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