Opinión

Libre pensar

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¿Quién es comunicador…?

Cuando una persona sin terminar la carrera universitaria se autoproclama comunicador se confiesa, sin saberlo, un usurpador. Ese injerencista que, paradójicamente, exige el respeto a la Constitución y las leyes, se hace pasible de una condena de un mes a un año de prisión.

En su artículo 258, el Código Penal dominicano expresa que “Los que sin títulos se hubieren ingerido en funciones públicas, civiles o militares, o hubieren pasado o ejercido actos propios de una de esas funciones, serán castigados con prisión correccional de un mes a un año, sin perjuicio de las penas pronunciadas por el Código, por delito de falsedad, si los actos pasados o ejercidos por ellos tuvieren los caracteres de ese delito…”.
Para calificar como comunicador resulta ineludible el título superior, que se obtiene realizando estudios de por lo menos cinco años, incluyendo el pensum, la pasantía, el seminario monográfico o la tesis de grado. Cuando actúa como investigador, docente y productor de conocimientos (publicación de obras) clasifica como comunicólogo.

Cuando “Doña Cuca”, el periodista se asemejaba a la comadrona, al maestro constructor o al juez de paz que no era siquiera bachiller, pero en el siglo XXI los más visionarios cursan maestrías y doctorados.
Cada quien debe ser honesto y específico: leer noticias, locutor; grabar audiovisuales, camarógrafo; tomar imágenes gráficas, fotógrafo; escribir una columna, articulista; interpretar hechos cotidianos en radio y televisión, comentarista, y perifonear por instrumentos electrónicos, interactivos. El periodista realiza entrevistas, busca y redacta noticias, crónicas, reportajes, etc..

Los que incursionan en los medios con déficit de dicción, sin conocer la ética, la redacción ni los géneros, sin sintonizar con los receptores ni tener protección colegial, se exponen a cuestionamientos. Maliciosamente, Nicolás Maduro preguntó a un entrevistador dónde estudió la carrera, y este rápidamente le citó la universidad.

El que se acredita como comunicador, sin importar la edad (una dama se graduó a los 99 años), demuestra capacidad de superación, consigue un aval académico y gremial, y constitucionalmente puede acogerse a la cláusula de conciencia y al secreto profesional. Regularizarse se traduce en un reconocimiento colectivo.

El Nacional

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