Robar, ¿ahora es más difícil…?
En el ocaso del siglo XXI, el reconocido director de una institución oficial de servicio público cambiaba a su nombre cheques donados a ella, impasible contaba los pesos y, con la mirada como un rinoceronte africano, salvajemente se los metía en un bolsillo, y se marchaba… ¿Auditoría? Bien. Gracias!.
Aparte de que los bancos ya no aceptan esa operación cambiaria, el titular gubernamental que ahora asuma esa conducta, automáticamente se desacredita como un salteador. El documento mercantil circulará por millones de celulares, distribuido a hurtadillas probablemente por un empleado que no ha conseguido un aumento de sueldo.
Los estafadores cargan con utensilios, sin tomar en cuenta si están contaminados con la coronavirus y serán abatidos mortalmente por este virus, aunque en ese viaje sin retorno no sean acogidos en el reino de Dios.
Las maniobras de corrupción más sonadas son contrataciones públicas de bienes, obras, servicios y concesiones del Estado; extorsión y el soborno, el uso de información privilegiada y tráfico de influencias, el desvío y malversación de fondos, los fraudes, la prevaricación y el nepotismo. Algunos, cuando quieren conocer el perfil de un sujeto, le formulan dos preguntas: ¿…funges como dirigente político? y ¿…eres funcionario público?
Apostillamos, sin desperdicio, en un decálogo incluido en “La corrupción. Hábitos, reformas e impunidad”, que circulará en el 2021, junto a dos obras sobre el narcotráfico y decenas de libros -en un acto/Récords Guinness- sin precedentes.
En el pasado reciente, muchas iniciativas portentosas han terminado convirtiéndose en paliativos y fiascos, saboteadas por envueltos en corrupción. Enjuiciar a los prevaricadores, con la aplicación de la inversión del fardo de las pruebas, será una labor alto responsable y valiente.
Cuando el presidente de la República, fiscales y jueces emprenden la envidiable resolución de penalizar la gran corrupción, han merecido un gran respaldo ciudadano. Además del encierro carcelario, en Éxodo 22:14 se sugiere que si una persona roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja.
Aunque ahora es más difícil robar en el Estado, por los procedimientos financieros, estos pueden ser vulnerados por la lucidez del cacumen conductor, en el jardín del oropel cómplice.
Las denuncias, la vigilancia y consistencia de los poderes Ejecutivo y Judicial, y las masivas sentencias condenatorias en esta fase inédita de la historia dominicana, encumbrarán a esos mandantes en el pedestal más justiciero.
El timonel Abinader cuenta con un 70% de aprobación, y luce que este porcentaje fluctuaría por esas periferias si no se deja doblegar -confiamos en que mantendrá su sólida voluntad – por las presiones de implicados, o seducido por alpinistas y ultraconservadores que merecen arder en el infierno.
Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

