Articulistas

Libre pensar

Libre pensar

Paciencia ante injuria

En 1613, el obispo de Annecy, en Ginebra, Suiza, Francisco de Sales, latigó desde el púlpito el descarrío y la depravación, y ¡oh, Hacedor!, sus sermones enfadaron a un vicioso rico influyente de esa cuidadela. El remolón no cesó en una blasfemia como contrarréplica, ni frenó siquiera por el piadoso repique de las campanas, mientras que el arzobispo enmudeció aposentado en los muros del templo.

Como venganza por la regañina canónica, sin aludir a una persona en específico, el cachazudo colocó en sitios públicos pasquines calumniosos, anónimos y satíricos, en forma de coplas, contra monseñor de Sales, quien matizaba a un crítico que “si Ud. me arranca un ojo, con el otro ojo yo lo seguiré mirando con especial cariño”.

El jefe espiritual se mantuvo imperturbable, consciente de que los pobladores conocían sus atributos y no darían credibilidad a los apócrifos. En cambio, el extraviado se exasperó, y apeló a otro procedimiento: el sonido para no dejarlo dormir!

Cuenta el padre Eliécer Sálesman que el sujeto “mandó a unos muchachos de la calle con un numeroso grupo de perros a que los hicieran ladrar toda la noche frente a la ventana de la habitación donde dormía el prelado, y cuando los perros dejaban de ladrar, los muchachos les tiraban las orejas para que aullaran como lobos”.

Por el silencio, el potentado puso a “un grupo de vagos a que lanzaran pedradas a su ventana, y le destrozaran los vidrios.

Y como si no bastara con esto, se propusieron disparar armas de fuego allí en el andén, con un ruido tal que parecía una batalla”.
El eclesiástico no presentó denuncias ante las autoridades, y desautorizó a indignados empleados del palacio episcopal que se propusieron “darles una tanda de pedradas y una buena paliza a esos…”.

Como siervo del Creador del Universo, se levantaba de la cama y rezaba por quienes lo agraviaban directamente, y por el que dirigía la acción. Y, adicionaba, que los malos espíritus se alejan con la oración y el sacrificio.

Como atraído por la buena vibra, un auspicioso día el orquestador de la campaña difamatoria se tropezó en una calle de la ciudad con Francisco de Sales, quien “lo saludó con tal cariño y le dijo tan simpáticas palabras de aprecio y benevolencia”, que lo arrodilló a sus pies.

Con la célebre frase de que “en esta vida, la paciencia ha de ser el pan de cada día”, Francisco de Sales, quien abriga como el santo de los periodistas y escritores, glorifica como un arquetipo de la calma y un modelo de desaire a las calumnias, sin despreciar ahora las leyes para salvaguardar la honra en la tónica de la civilización evangélica.

Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación