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Libre pensar

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¿No publicar informaciones palaciegas?

Impuesta por la entropía administrativa, en el síndrome de la convencionalista captación sin miramiento ontológico, el alto ejecutivo de un diario nos hizo la confidencia de que no publicaban informaciones de una reconocida empresa comercial porque no les colocaba publicidad.

Y, en estos días, la Asociación de Medios Digitales Incorporados (AMDI) participa que no difundirá noticias del Palacio Nacional, por falta de apoyo del Estado. ¡Grave!, ¡funesto!, ¡utópico…!.

Esta crematística de la publicidad contra la función socio-comunitaria del ethos informativo, se entroniza (¡pucha!) como la contraparte desmesurada de los que ven en cada pauta divulgativa paraestatal un intervencionismo discordante de los más media, con más asombro en el infraespacio democrático post-industrial.

Planetariamente, detrás de las inserciones para la sostenibilidad, los instrumentos de masas del siglo XXI han cedido ante las pretensiones de los anunciantes. Y han sido focos de súplicas y reclamos por privilegios y discriminaciones, disgustos y lamentos, discordias y roces, y restregones y censuras, en los periquetes de las tensiones más dispares.

Insólitamente, la AMDI arenga la vulneración del derecho a la información y la deontología, por cuanto decide que sus miembros no den a conocer los boletines provenientes de la Presidencia de la República, la principal fuente noticiosa del país.

Esa entidad se parece a comentaristas que proclaman que saben muchas cosas de interés nacional, pero que no revelan ni siquiera el 10% de ellas. O sea, la ocultan porque no investigan ni cumplen con la sagrada misión de informar: interés y el bien público.

En vez de obstaculizar el flujo informativo, más útil trabajar por auditorías sobre el manejo de millones de pesos de publicidad en los últimos 20 años, por la modificación de la Ley 340-06 sobre Compras y Contrataciones, que exceptúa las licitaciones en la contratación de publicidad, y por la aprobación de la Ley de publicidad y comunicación estatal.

Con su quimérico petitorio de anulación a los reportes del Palacio Nacional, la Asociación de Medios Digitales Incorporados (AMDI) unísonamente menosprecia el capital informativo de la fuente más rica y activa del país y exhorta a la censura previa, empleada como pieza de presión y coacción, que transgreden la libertad y un principio de la democracia.

La búsqueda de la verdad y la democratización de la información se alistan como la filosofía más pura del periodismo, y los gremios como los mecanismos para vigilar las conductas y actuaciones del mediador profesional entre el Estado y la sociedad: el periodista.

La declaratoria más lamentable es que la censura velada provenga de un asociativo con la misión de control ético, bajo el condicionamiento de la disensión publicitaria. Este desaguisado reafirma la imperiosa necesidad de eliminar el empirismo y preferenciar el profesionalismo académico.

Por. Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

El Nacional

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