Mao y la nueva China
Los que por el 1970 apostamos por la República Popular China, porque activábamos en la izquierda revolucionaria y nos abrazábamos a las cinco tesis filosóficas de Mao Tse-Tung, estamos asombrados por el giro económico-liberal de esa nación, y la negación encubierta de las ideas del “gran timonel”, cuyos restos reposan como simbolismo turístico en la Plaza de Tiananmen.
Sobreviviente de tres arrestos, un levantamiento armado y de la guerra civil chino-japonesa, Mao inició (primero de agosto de 1934) la Larga Marcha (guerra de guerrillas prolongada), con más de 100 mil soldados. Tras una travesía de 12 mil kilómetros y quedando tan sólo ocho mil combatientes, el primero de octubre de 1949 (15 años y dos meses después), proclamó la República Popular China, y ostentó la jefatura del Estado.
Nacido en Hunan (China) en 1893, conduciendo su Ejército Rojo desde Kiangsi, Mao cruzó 18 montañas, varias de ellas nevadas y 24 ríos de 12 provincias, avanzando de noche y descansando de día en cuevas. El poderío de la guerrilla y la habilidad de traslación, sin desalentarse por el hambre, las muertes ni las deserciones, vencieron a las tropas del presidente de la República de China, Chiang Kai-Shek, y su Partido Nacionalista o Kuomintang.
Luego de la proclama victoriosa en T’in An-men, el Partido Comunista promovió las comunas populares, la compartición de las rentas entre personas (40%) y el Estado (60%), y la revolución cultural proletaria. Publicó cuatro tomos de sus Obras Escogidas, el pequeño Libro Rojo y sus poemas.
En 1976 fue puesto en capilla ardiente quien motorizó la única Gran Marcha en la historia de la humanidad, testimonió que una fuerza pequeña puede derrotar a una grande, liberó a China, sepultó el feudalismo y su estancamiento de siglos. Mao ha influido en miles de millones de personas y forjó el Estado socialista, que abrió la compuerta para el nuevo liderazgo de Deng Xiaoping.
Entre los gobiernos de Xiaoping y el actual Xi Jinping colocaron a la Nación asiática como la segunda potencia mundial, en una revolución que ha cambiado el orden económico y la geopolítica universal. En ese circuito, en China han surgido 568 multimillonarios –más que en Estados Unidos: 535-, lo que revela que devino en un sofisma la eliminación de la propiedad privada y la justa distribución de las riquezas, para resquebrajar las desigualdades.
El capitalismo demuestra, como dialéctica contemporánea, que ha sido superior que el socialismo. En China dominan las relaciones de producción financistas, disfrazadas de “colectivismo-bolchevique”, y un absolutismo que no saca a millones de chinos de la pobreza. ¿“Qué piensa en su tumba “El emperador rojo” sobre el regreso del confusionismo o el “socialismo del siglo XXI”?

