Maleantes en caravanas
Permisivo en el remanso de la fragancia del poder, el Mayúsculo de Danilo aventajó, silbando en el señorío de las hormonas de crecimiento, a Alí Babá y los 40 ladrones. Y, en la cueva de la rapiña estatal, a los fiscales habrá que preguntarles si ya averiguaron si de los archivos del Palacio Nacional se llevaron el título de propiedad de esa mansión, para venderlo, aunque les dieran cachetazos y pasearan, con taparrabos como los indios, en caravanas por la concurrida avenida de Los Sinsabores.
Bajo el Sol y las lluvias, políticos que dan salivazos con ternura, funcionarios lagartos y falderos, generales truqueros, “misioneros” embrujados y cabos con uniformes desteñidos sacan dinerales del aire y de sombreros, como clarividentes/abracadabras del parque Enriquillo. Y emperadores del derecho, testaferros y prestanombres esconden detrás de puertas y ventanas las profanaciones de las arcas gubernamentales, como si fuera la tumba de Trujillo.
El Mayúsculo perdió la chaveta en los sarpullidos de la afectividad y concedió licencias sin arrugas a una flotilla de salteadores profesionales que, vestidos con ropajes de siluetas, gafas oscuras y correas de cachas anchas, ahora prefieren disfrutar sus multimillonarias chiripas en las cuevas de Las Maravillas, Pelempito, Los tres ojos, del Pomier y Cabarete, para recrearse, sin brazaletes, con las pinturas rupestres, los reptiles y las aves.
Lipe Collado (E. P. D), autor de libros, nos dijo, en abril del 2012: “Como se pintan las cosas, los dominicanos van a elegir a Danilo, un maleante, y van a llorar lágrimas de sangre. El cree que con el dinero todo se puede y para alcanzar su objetivo no tiene límites ni mide las consecuencias…”. Escucharon, en la cafetería de Ikea, el anfitrión de la tertulia, Jimmy Sierra (E.P.D), Héctor Tineo, Claudio Cabrera y otros de Villa Juana.
En las oficinas, los danilistas no vendieron animalitos curativos ni buscaron cucarachas. Cargaron con un botín y no dejaron un céntimo siquiera para que liquiden a sus seguidores, ni les acompañan en las protestas de la México con Delgado.
Esos santos/ladrones -canonizados sólo por abogados sin almas sienten el olor fúnebre de capillas ardientes, y en el enmudecimiento se oyen aplausos prolongados a los fiscales que instrumentan acusaciones, que son un preaviso a los de nuevo cuño que quieran riquezas.
Las tajadas villanas cívico/militares ahora ultraterrenos motivan, morbosamente, a que subalternos no entretengan sus mandíbulas con mondongos ni plátanos con aceite. Ellos abren los manubrios de palacetes gastronómicos para complacer sus antojos y caprichos, en la escucha de músicos y cantantes.
Imputados por el Antipulpo, Coral, Caracol y otras operaciones se posan frente a las caras duras de los jueces y en los idílicos barrotes carcelarios están libres para tararear boleros, merengues y serenatas.
Por: Oscar López Reyes
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