I-II
El jueves pasado prometí ampliar sobre la diplomacia, como el recurso idóneo para cultivar el tránsito hacia la democracia moderna, y un político como el suscrito, todavía en disposición de seguir ayudando con limpieza y lealtad, donde los años más bien le han favorecido. Balaguer fue presidente desde 1966, a mi edad, y patrocinó una transformación, donde cada minuto se pone en evidencia en todos los aspectos, prácticamente sin presupuesto, sin préstamos y sin impuestos. Claro, no fue perfecto, no, no, se le arrimaron garrapatas como decía Bosch, pero, ¿dónde y cuándo no se arriman?
A propósito, yo, que fui uno de los que nos quedamos en fila en el PRSC junto a otros en el PLD esperando apoyo del líder colorao. Decidí apoyar al actual presidente cuando Bosch y Balaguer se enamoraron de Leonel políticamente. Lo vi con simpatía y hasta desempeñé un papel histórico que no busqué, de llevarle un recado de Bosch a Balaguer en relación a las condiciones que adornan al actual presidente para que lo apoyara. Ya expliqué esa ocurrencia en esta columna dos veces y al propio presidente se lo conté en la librería La Trinitaria. Expliqué que pudo ser una propuesta de Bosch para exacerbar a Balaguer, tomando en cuenta su temperamento. Pero yo perfumé el recado y dije también que el doctor Euclides Gutiérrez, también antes de aquello, se lo había pedido al doctor Balaguer.
Frente a esta circunstancia, mi compromiso y apoyo no han sido por prebendas, no, no, no, ni a Balaguer le pedí nada y le serví con lealtad. Pero hoy llamo la atención para crear más conciencia sobre situaciones que hay que lograr, gobierno y oposición, dejando el sectarismo que seguimos demostrando casi todos los políticos y no políticos, con escasas excepciones porque tan divididos, es difícil lograr lo necesario para las mayorías.
Ante todo, un abogado que quiera lo mejor para su área, con una nueva Constitución, no puede rechazar algo que ayuda, como lo sería el nuevo tribunal para los asuntos constitucionales.
Quiero felicitar al Jefe del Estado por escucharnos o coincidir, como acaba de hacerlo por el Sur, dándole seguimiento a los trabajos. Nos enteramos que se armó una corredera en quienes realizan trabajos y más cuando hubo observaciones quejosas, me dicen, del Presidente. Esa fue una de las estrategias de Balaguer que, aunque no veía, enviaba a alguien para que observara algún defecto que siempre encaraba. Lo que nos gustaría es que algunos viajes el Presidente los hiciera en vehículo para que vea con sus propios ojos cómo siguen descuidadas algunas obras y carreteras, en muchos pueblos, con hoyos que rompen vehículos.

