Editorial

Linterna de Diógenes

Linterna de Diógenes

El  intenso pesar que ha causado el deceso de Miguel Cocco Guerrero constituye la más sincera muestra de aprecio, admiración y gratitud que la población ha dispensado a un funcionario probo y eficiente, para cuyo reemplazo en la Dirección General de Aduanas se requerirá que el presidente Leonel Fernández se provea de la linterna de Diógenes.

Cocco Guerrero no sólo predicó con el ejemplo el ejercicio de la honradez y la transparencia en  el ejercicio de una función pública tan difícil como Aduanas, sino que fue también celoso guardián en la custodia de los recursos públicos y firme persecutor contra  todo tipo de acción dolosa que afloraba en su entorno.

Durante más de nueve años al frente del órgano recaudador del arancel, Miguel Cocco resistió  todo intento de soborno o amenaza y  sometió a la Justicia o aplicó la ley de Aduanas a toda persona física o jurídica que incurrió en contrabando o fraude  en el ingreso o valoración de mercancías.

No se conoce de ningún caso de empresario o gente influyente que se atreviera a formularleroposiciones indecorosas, sin que fuera expulsado de su despacho o denunciado el intento de fraude, porque el licenciado Cocco nunca permitió que amigos o relacionados confundieran su proverbial generosidad con debilidad  en la aplicación de la ley.

A Miguel Cocco le sobraron valor y responsabilidad para denunciar hechos punibles en su entorno,  complacencia o complicidad de jueces y fiscales y hasta la corrupción que dijo contagia a la administración pública, por lo que puede decirse que toda su vida fue un gladiador en el combate contra la prevaricación.

Es por eso que  al reiterar pesar por el fallecimiento de este buen hombre, se advierte al presidente Fernández sobre la necesidad de que se escoja su sucesor dentro del escaso inventario de gente seria y valiente, para evitar que  las Aduanas retrocedan a épocas de filibusteros del contrabando y la evasión.

Son muchas las aves de rapiña que ya  sobrevuelan el edificio de Aduanas, por lo que  es legítimo el temor ciudadano de que con la partida de Miguel Cocco esa vital dependencia  estatal se una al coro del clientelismo, de los privilegios y de la  descomposición moral.

Se admite  como muy difícil el reemplazo en Aduanas de un ser excepcional, pero  se aconseja al presidente Fernández usar la linterna del filosofo griego y no desmayar hasta encontrar al hombre o una mujer honesto que pueda calzarse los zapatos de Miguel Cocco Guerrero.

El Nacional

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