Toda persona siquiera mínimamente informada sabe que a fines de agosto el presidente Leonel Fernández viajó a Libia para participar en una cumbre, según el Palacio Nacional, de la Unión Africana. Como se necesitaba un pretexto que se correspondiera con la dimensión que se ha fabricado a la figura del mandatario se agregó que en el encuentro él ostentaba la representación de América Latina. Hasta la llegada del presidente venezolano Hugo Chávez, el gobernante dominicano era en realidad el único de la región que estaba en la cumbre, asumiéndola como tal. No importa que el encuentro no tuviera tal denominación y que medios alternativos locales insistieran en que de lo que se trata era de los festejos con motivo del 40 aniversario del golpe de Estado que llevó al poder al coronel Moamar Gadafi. Lo que realmente llama la atención es la ausencia del gobernante dominicano de la cumbre de la Unión Africana y América Latina que se efectuó del 24 al 25 de septiembre en Venezuela. En el encuentro estaban casi todos los gobernantes de Suramérica, el coronel Gadafi, Mugabe y otros que habían participado, igual que Fernández, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. Las razones por las cuales Fernández no participó en la cumbre, sobre todo después de su polémico viaje a Libia, son una incógnita. Mas cuando su agenda en Nueva York tampoco se lo impedía. Era el escenario ideal para despejar interrogantes y exhibir algún protagonismo. Que se sepa, Fernández no tuvo reuniones con Gadafi, quien estaría interesado en construir una refinería de petróleo en Manzanillo, ni con otros líderes africanos durante la asamblea de la ONU. Por la relevancia de la cumbre de Venezuela, la ausencia de Fernández se presta a conjeturas. ¿Verdad que llama la atención? A lo mejor el Palacio Nacional ofrece una explicación creíble. A lo mejor.
