NUEVA YORK, AFP .- Desde Nueva York Andrew Bradley aporta su modesta contribución para luchar contra la recesión económica, estimulando a la vez la actividad comercial y la libido.
«Compro lencería fina para mi novia», dijo orgullosamente el hombre de 31 años en la tienda especializada «The Little Flirt» de Manhattan, con un pequeño paquete rosa entre manos.
Según los analistas, un número creciente de estadounidenses, como Bradley, desafían la taciturnidad general de los consumidores sazonando su vida amorosa, haciendo de la industria del placer uno de los pocos sectores que acabarán el año con una sonrisa.
Tiendas como Little Flirt, que ofrece entre otras cosas el último vibrador en platino y diamantes a 3.250 dólares, no parecen afectadas por la crisis que golpea al resto de la economía.
La cadena de lencería fina «Victoria’s Secret» se burló de la recesión con el lanzamiento en noviembre de un sostén de cinco millones de dólares incrustado con rubíes y diamantes, y abrió en diciembre una vasta tienda en Nueva York.
En «Babeland», un sex-shop de alta gama que cuenta con tres locales en Nueva York, los vibradores se venden como pan caliente.
«Nuestras ventas aumentaron 7% en estos tres últimos meses en nuestras tiendas y en nuestro sitio de internet comparado con el mismo período del año pasado», precisó a la AFP Claire Cavanah, cofundadora de Babeland.
Uno de estos vibradores en particular, el rosa y blanco, bautizado Gigi a 109 dólares, se vendió «tan bien que estamos con las existencias agotadas», añadió.
El fabricante de preservativos Durex obtuvo 19 millones de dólares de ventas en noviembre, contra 18 millones de dólares un año antes, un aumento del 5,5% que debe matar de envidia a otros sectores comerciales, donde la inmensa mayoría navega en las profunidades del rojo.
El boom de la actividad sexual responde a una lógica económica simple, juzgó Jennifer Grizzle, portavoz de Durex.

