Opinión

Lo bueno de lo malo

Lo bueno de lo malo

Ante el pesimismo que cunde en amplios sectores a causa de las frustraciones sociales y políticas, la frase más socorrida es la de que “esto se jodió”. La permisividad y la impunidad, e incluso la tomadura de pelo, frente a la corrupción, el desorden y la ratería, sobre todo de la clase política, han matado la esperanza y sembrado la desconfianza en una buena parte de la población, que está que ni siquiera se inmuta ante los escándalos. Esa decepción que hace perder las perspectivas también impide ver rayos luminosos en un panorama como el actual. Negar que el clima es ominoso y perturbador sería como querer tapar el sol con un dedo. Pero en medio de la penumbra se pueden ver haces reconfortantes, que indican que no todo está maleado. Los agentes policiales suelen ser blanco de las más crispadas críticas sobre el auge de la criminalidad y la delincuencia. Pero, con justicia, se debe reparar  en la honradez de la inmensa mayoría de esos agentes, quienes con un sueldo mensual de menos de cinco mil pesos, un arma de fuego y  uniforme apenas unos pocos son los que delinquen. Y en el caso de la política, donde abundan las mayores frustraciones, constituye un ejemplo digno de resaltarse que un funcionario renuncie de un Ministerio, que ejerció sin ser señalado, para luchar por sus ideales desde un partido pequeño. Mientras grupúsculos y figuras sonoras no tienen escrúpulos en venderse y hasta en convertirse en escorias,  Max Puig ofrece un ejemplo de dignidad y decoro que se tiene que ponderar. Esa conducta y el hecho de que contados agentes policiales se hayan maleado son acciones que se destacan en un clima como el que se respira en la nación. La sociedad dominicana podrá estar mal y las perspectivas pueden ser inciertas, pero todavía no se ha jodido. Hay muchos buenos ejemplos que permiten cifrar esperanzas en la construcción de ese orden que tanto se necesita.

El Nacional

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