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Lo irreversible

Lo irreversible

Orlando Gome

Orlando Gómez
orlando.gomez@gmail.com]

A raíz de la pandemia del coronavirus, como nunca en años, las fronteras en el mundo se cerraron para detener el avance del contagio, casi trayendo a un freno total las cadenas de suministros mundial y el acercamiento transfronterizo que caracterizaron las últimas décadas de globalismo.

Y aún ahí, cuando superficialmente se pudiere haber considerado el fin del globalismo, sin cabida dentro de un mundo donde cada país se aísla del resto para evitar contagios de la pandemia existencial de nuestros tiempos, la tecnología, curiosamente, nos llevó por inercia a una etapa más profunda dentro de la aldea global que desde lo que hace 30 años se había venido mostrando como inevitable.
Nada ilustra mejor esta realidad que el difícil trayecto a la reapertura que actualmente muestra la educación.
A medida que se acerca el otoño que marca el inicio pleno del ciclo escolar de este año, las dificultades para atender la demanda considerando las limitaciones a las que nos sujeta el virus, se hacen más evidentes. Esas limitaciones no son únicas, ni están limitadas a nosotros.
Curiosamente, las ofertas educativas que toman en consideración las limitaciones a las que nos sujeta el virus son universales. Las escuelas capaces de ofrecer un currículum en línea para atender las necesidades de padres que temen mandar a sus hijos a tomar clases presenciales en medio de una pandemia, tienen una demanda que se extiende más allá de su localidad. En efecto, son escuelas con una demanda global.
Más interesante aún, con el auge del teletrabajo, la demanda laboral de las empresas tradicionales no tienen por qué limitarse a la oferta local. El trabajo está disponible a la mejor oferta por precio y calidad sin ninguna consideración migratoria y a las normas locales.
El neoliberalismo original proponía el libre tránsito de productos, servicios y mano de obra. Y así lo vislumbró la Unión Europea. Los primeros dos son la base sobre la que aún hoy tejemos todos nuestros acuerdos de libre comercio.
Lo interesante es que se necesitó una pandemia para hacernos ver que un libre tránsito de la fuerza laboral y que el movimiento físico de la oferta y la demanda no era necesario para vivir en un mundo completamente integrado, y que este es el mundo al que lucimos claramente atado. Claramente el ganador será el que aproveche esta realidad primero. Cuanto menos, sueño que nuestro país esté cerca del segundo.

El Nacional

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