Los efectos de la crisis financiera de Estados Unidos, Europa y Asia, conforme a las conclusiones del seminario realizado en Casa de Campo por iniciativa de la Secretaria de Economía, Planificación y Desarrollo, se recrudecerán el próximo año. Los panelistas coincidieron en anticipar cancelaciones masivas de empleados, reducción de las exportaciones, remesas y turismo, y peor todavía, adelantaron que el acceso al crédito se dificultará, lo que podría llevar a la quiebra a muchas empresas.
Ante un panorama tan sombrío, es claro que el gobierno tiene que cambiar su énfasis en la inversión publica, asegurar una distribución más equitativa de la riqueza y disminuir sensiblemente los niveles de deuda publica. De lo contrario, será imposible que las consecuencias brutales de la menguante tendencia del ciclo económico que afecta a los países más desarrollados del mundo, obligue a aumentar los impuestos como aconseja desde ya el FMI.
Debemos comprender que es imposible hacer tabla rasa con las desigualdades mediante subsidios, que las tarjetas de solidaridad y demás formas de provisión de bienestar social no reducen la pobreza, sino que la agravan. Por tanto, en lugar de mantener vigente esa política de redentor, el Estado debe diseñar formas de inversión social que maximicen la igualdad de oportunidades, que le permitan a los desafortunados anudar lazos útiles con la colectividad, y eso necesariamente conlleva una apuesta en la educación y la estabilidad macroeconómica.
No olvidemos que la criminalidad, que desgraciadamente se ha tornado entre nosotros en una experiencia cotidiana, es consecuencia del desempleo y de la pobreza, resultados en gran medida de la inversión desatinada de los ingresos públicos. Y por otro lado, debe fortalecerse el apoyo a las autoridades municipales, toda vez que al estar en permanente contacto con los locales, está en capacidad de contribuir con mayor eficiencia a solucionar los problemas de sus comunidades.
Sea como fuere, los días por venir serán difíciles, y en vista de los previsibles enojos que comportarían las nuevas cargas tributarias sugeridas por el FMI, es claro que la única vía que las autoridades tienen para flexibilizar la política monetaria y dinamizar el comercio y la inversión privada, es reduciendo el gasto público.
Todos sabemos que la pasada campaña electoral le infirió un duro golpe a nuestra economía, y aunque es un tema que debe figurar en la agenda de discusión nacional para prevenir que suceda en lo adelante, creo que es tiempo ahora de que las organizaciones que representan al sector privado y los partidos de oposición, discutan con el gobierno las medidas que el país debe asumir para afrontar los efectos de esta crisis que aqueja a los países del primer mundo. Es lo mejor que puede pasar.

