Opinión

Lo que debemos reclamar

Lo que debemos reclamar

Durante la carrera por el Poder, Miguel Vargas abogó sostenidamente por un gobierno que costase menos e hiciera más, propuesta que obedecía al hecho incontrovertible de que el incremento de las recaudaciones fiscales durante los últimos cuatro años, no ha sido suficiente para estrechar las hirientes desigualdades sociales que prevalecen entre nosotros.

La estabilidad cambiaria no ha acertado a dinamizar los sectores generadores de empleo, pues la modificación del encaje legal bancario y el aumento de las tasas de interés para encarecer el costo marginal del dinero, parte del recetario aplicado  como contrapeso de las presiones inflacionarias generadas por la expansión del gasto público, ha contraído el crecimiento de nuestra economía.

Lo peor es que en un escenario dominado por la crisis financiera internacional, esta administración no está interesada en disminuir sus costos ni en eliminar instituciones públicas inoperantes, que apenas sirven para subvencionar una empleomanía parasitaria. Esa posición agravará las cosas, pues no es posible fortalecer los sectores que mueven la economía ni fomentar las condiciones que faciliten la inversión privada, si el desempeño fiscal no mejora.

No se comprende que el gobierno central no disponga buenos programas de asistencia social y, sin embargo, sus gastos de personal y en suministros crezcan sensiblemente; tampoco se comprende que carezca de recursos para prestar servicios sanitarios eficientes y proveer a las escuelas de pupitres y pizarras, y en cambio, que sus operaciones exhiban un déficit que de acuerdo al Banco Central, superó los 26 mil millones de pesos, equivalentes al 2.3% del PIB, durante los primeros 9 meses del 2008. 

 Es triste que el escaso patrimonio de que disponemos sea gastado sin control. Miguel Cocco, cuya integridad nadie cuestiona, expresó   que “los pocos recursos con que cuenta el Estado han sido pésimamente administrados por funcionarios corruptos… lo que aleja cada vez mas la posibilidad de que los pobres superen el estado de miseria e indigencia en que viven”. Y aunque el tema pasó  al olvido,  el Director de Aduanas puso el dedo sobre la llaga cuando aseguró que la impunidad ha sido  “una queja de todos los gobiernos, incluyendo éste, mi gobierno, porque no hemos sido lo que predicamos”.

 En fin, a Miguel Vargas le sobraba razón cuando insistía en la necesidad de optimizar la inversión de los recursos públicos, en reducir el perímetro del Estado, y sobre todo, en evitar que el afán de lucro siguiera malogrando el desarrollo. De manera que si no queremos que este 2009 sea peor que el que le antecedió, y aunque  sospechemos que el esfuerzo pudiera devenir en inútil, debemos reclamarle al gobierno que administre su presupuesto sin déficit, que le aporte al Banco Central los fondos de capitalización previstos en la ley, que disminuya su hipertrofiada nómina, que otorgue las facilidades necesarias para incrementar las exportaciones y revertir el saldo deficitario de la cuenta corriente de la balanza de pagos, y que promueva el fortalecimiento la institucionalidad para rescatar la confianza que se ha perdido.

El Nacional

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