Opinión

Lo que deseaba conversar  con el señor Presidente electo

Lo que deseaba conversar  con el señor Presidente electo

Deseaba, como siempre, de iluso, conversar con el Presidente Electo pero, sin alabarderos ni espalderos que al salir yo, fuesen a llamar y poner a otras personas en conocimiento de lo que  acababa de hablar con el Presidente Electo, tergiversándolo todo. ¡Iluso yo! Por tanto, ante la imposibilidad de que se me escuchase, preferí hacer de conocimiento y por este medio, al Presidente Electo sobre mis inquietudes y esperanzas para con su gobierno y sé que alguien se lo hará saber.

 Señor Presidente Electo, recuerde que aún nuestros deseos no lo quisiesen, la historia es la repetición cíclicamente de los mismos hechos, donde solo cambian los protagonistas y las fechas. Consumatum est, que esos hechos son llevados a cabo por la misma clase de gente, dependiendo de su categoría social, si son o han sido ejecutados por desaforados o impenitentes conspiradores y por igual, si la acción ha sido ética, moral o por el contrario, penosas acciones que han denigrado la categoría del ser humano.

 Podemos decir que prácticamente los hechos que se repiten a través del tiempo, cada ejecutante viene con sus propios genes, con la herencia de esos hechos que los impulsan en determinado momento a ejecutar idénticas acciones. Vale por igual decir, que hijo de gato, caza ratón.

 Desde el primer día, señor Presidente Electo, le sugiero poner freno a las mal llamadas indelicadezas y los egos de sus funcionarios, porque para nadie es un secreto que su gobierno tendrá que hilar muy fino, solo para sostenerse y creo que el mejor nombre que se le pueda poner será “el gobierno con sostén”, porque le será muy difícil siquiera soñar con algún tipo de reelección, debido a la calamitosa situación política, social y económica con la cual se encontrará.

 Señor Presidente Electo, recuerde que los genes están vivos, incluyendo los heredados de aquellos que conspiraron junto al general Rafael Estrella Ureña, aquel fatídico 9 de febrero del 1930, los cuales expusieron en un manifiesto para la historia, los motivos que los impulsaban a llevar a cabo aquella asonada golpista, donde se incluían dentro de otras cosas, el descalabro del orden institucional que corroía al gobierno del presidente Vásquez.

 Incluía, además ese manifiesto; alegados manejos turbios de la ley electoral; terquedad insaciable de continuismo; escandalosa corrupción administrativa y estruendoso, por demás abusivo, dispendio de los recursos públicos.

 Todo esto, muy parecido al panfleto que hoy  podría hacer cualquier mortal político o no, de la actualidad. Porque contra esas mismas cosas es que usted, señor Presidente Electo tendrá que enfrentarse. ¡La historia, carajo! Una vez más demuestra que solo es la misma repetición en diferente época.

 Señor, los genes de Guacanagarix  al igual que los de Trujillo, se niegan a dejarnos pero, por igual, señor Presidente Electo, hasta ahora, no ha existido interés político en su desaparición, porque las actuaciones y las imitaciones de esos personajes constituyen la esencia para mantener la vigencia de una clase política vividora, especialistas en el manejo de circos dedicados a las clases menos pudientes en todo el sentido de la palabra y, muy especialmente, a los descerebrados que colman este teatro de tragedias y farsas, que ostentosamente le llaman país.

 Señor Presidente Electo, en otra entrega continuaremos con nuestra cantaleta pero, mientras tanto, le recomiendo prohibir desde el primer decreto, para desinflar egos, romper estructuras de corrupción conocidas por todos con la finalidad  de poner orden a este caos y comenzar a desarraigar costumbres y usos trujillistas que solo sirven para halagar e inflar el ego de los mandatarios, ejemplo: los saludos de felicitación de fin de año en el Palacio.

 Por último, y antes de la próxima entrega, disponga antes de entrar a donde usted va a gobernar, que se realice una profunda fumigación con la finalidad de exterminar las lacras, tanto las que están como las que puedan llegar con usted porque, simplemente, con excepción de dos o tres, cada rincón apesta y todo hiede a podrido. ¡Sí señor!

El Nacional

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