Un exitoso procedimiento para corregir una malformación vascular en la médula espinal a una niña de 14 años, es una de las noticias de impacto en el sector médico de Miami, considerada meca de la salud para los latinoamericanos.
María Eugenia Choma, una boliviana de 14 años, llevaba casi cuatro años paralítica. Según su madre, Marciana Guasase, la menor comenzó a experimentar primero dolores de espalda y luego de piernas, hasta que una tarde, a sus 11 años, los dedos de los pies se le torcieron hacia abajo. Desde esa edad quedó así y en Bolivia no encontraban alternativas.
Esta niña tenía una rara variación de malformación vascular. Era muy grande, muy maligna; ¡una bomba en la propia médula espinal! Básicamente, se trataba de un amasijo de vasos acumulando mucha sangre de otras áreas que terminaron congestionando la médula, dañándola. En el 50% de los pacientes esa malformación se revienta como una bomba produciendo un gran sangrado que a veces pasa al cerebro. La mortalidad es del 5 al 10%. Y si se revienta la médula espinal, todo se acabó. El paciente puede quedar paralizado del cuello para abajo. Nadie desea hacer este tipo de casos porque son muy riesgosos, explicó el doctor Italo Linfante, especialista en el tratamiento de los aneurismas cerebrales y las malformaciones vasculares.
La médula espinal es el lugar más peligroso. La cirugía abierta no era una opción porque la médula no se puede tocar. Muy poca gente hace este tipo de operación Por eso estuvo cuatro años en ese estado, porque nadie se atrevía a tocarla, dijo Linfante, director de neuroradiología intervencionista del Centro de Neurociencias del Instituto Cardiaco y Vascular del Baptist Hospital, quien llevó a cabo el procedimiento de corrección.
El procedimiento
Según Linfante, el procedimiento consistió en insertar por la ingle un catéter muy fino, de apenas 1 milímetro (la espina dorsal es del grosor del dedo meñique, explica el doctor), y llevarlo hasta el sitio de la malformación para inyectarle una sustancia líquida polímeros- que se endurece en contacto con la sangre. Al endurecerse, endurece toda la malformación, bloqueando la circulación de la sangre.
Los riesgos del tratamiento son muchos, desde dañar las arterias hasta perforar la médula. Se trata de un procedimiento que requiere un alto nivel de conocimiento, experiencia y pericia. Es lo más difícil que hacemos en cirugía vascular. En el Centro de Neurociencias de Baptist hacemos muchos procedimientos peligrosos. Aquí hacemos casos complejos de aneurismas cerebrales, malformaciones vasculares complicadas, tratamos embolias Hacemos entre 800 a 1,000 casos anuales. Este tipo de padecimientos no eran tratables hace cinco, diez años. Incluso hoy día se realizan tan sólo en algunos pocos centros especializados de los Estados Unidos y Europa, agregó. Los resultados del procedimiento a María Eugenia Choma sobrepasaron las expectativas: se corrigió la malformación y a la semana la jovencita comenzó sesiones de rehabilitación para tratar de caminar.

