Opinión

Los caminos del poder

Los caminos del poder

Dos  caminos se te presentan, expeditos y despejados, tan pronto llegas al poder. Uno franqueado, de entrada,  bruñido por todo el oropel  y las baratijas posibles, inevitablemente destinadas a la fatalidad  que traen los atolladeros de la corrupción. La ambición mató al ratón. Las almas menores son incapaces de llevar con dignidad la carga de la fama y el compromiso social. Seres voluptuosos, ya envilecidos, enloquecen ante el oro y el dinero fácil.

El otro sendero, sembrado de coloridas y aromáticas flores entre gaitas, luces y sombras, suele presentarse espinoso y escabroso. Carente de inmediatas recompensas. Despejado, allá al final, destina su meta a  la gloria de los justos. Es el camino de los grandes hombres, a quienes sólo seduce la bondad y su infinito amor por los demás. Se deben a su pueblo sin exigir lealtad ni vanas adulonerías. No saben ni les interesa pagar lisonjas ni falsos afectos.

Estos se ganan el respeto y el eterno cariño de toda la sociedad. La gente ríe y se alegra con su dicha. Igual llora sus penas..

El presidente Ricardo Lagos volvió en el 2006 a la misma  casa en la que ha vivido toda su vida, tras cumplir su mandato,  en el mismo auto Peugeot que condujo cuando tomó posesión 2000. No se hizo más rico, pero él y su familia cuenta con el aprecio y respeto de todo el pueblo chileno. No tuvo que comprarse medios, ni periodistas, ni enriquecer socios y amigos. Mucho menos agenciarte títulos ni galardones para tener la gloria ganada con sus obras.

La suerte y la salud de Fidel y Mandela como la de Chávez están estrechamente ligadas a las de sus pueblos y gran parte del planeta. Uruguay tiene en el presidente Mujica a uno de los grandes presidentes de America Latina. Toda su modestia y grandeza caminan de la mano. Caben en una semilla de mostaza, como inmensa en su gloria. Su discurso supera, en contenido y ejemplo, a colegas de la región. Asistir y convocar tales grandezas nos llena de esperanza.  Nos desagrada colocarlos al lado todas esas escorias que el hambre y la ignorancia, estos es, la politiquería y el populismo,  posibilitan.

¿Llegará el día en que los dominicanos recuperemos la gloria de los grandes hombres? ¿Por qué no, si la hemos vivido en los fundadores de la República, reivindicada en oros tantos? Haber descendido en estos últimos años al dominio de tan baja estirpe de la política nos impediría  ser optimista, si no creyéramos en la ley de los extremos opuestos. Uno sucede al otro. Tras lo peor viene lo mejor.

El Nacional

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