Opinión

Los de doce

Los de doce

Antes de proponerles una lista de acciones comunitarias en que podría involucrarse la juventud y niñez de este país, siempre y cuando, y como requisito, la comunidad se involucre, como mecanismo de prevención de la delincuencia, necesito hablarles de los y las “delincuentes” que más me preocupan, los de doce años  y menos.

Dice Amelia Conde que, al momento de condenar  a un menor, se debería tener en cuenta que estos deben ser juzgados “atendiendo a la edad y el bien que afectaron”, pero como parte de una reforma general destinada a crear una estructura especializada para esos casos en particular”.

A  los niños de doce años, según su parecer, no se les debe quitar la inimputabilidad, es decir, la responsabilidad social, ya que según ella, la ausencia de sanciones a estos niños es una invitación a que sean manipulados o apandillados por adultos.  Sin embargo,  no deberían ser sancionados con penas privativas  de libertad ni ser tratados como mayores, sino remitidos a centros especializados para niños menores de doce años, encargados de rehabilitarlos y reinsertarlos a la sociedad.

Estos centros deberían realizar una labor independiente del de los centros de rehabilitación de delincuentes juveniles mayores, centros estructurados  en módulos adecuados a la edad,  madurez, necesidades y habilidades sociales y que favorezcan el contacto con familiares y allegados.   De la misma forma, dice Amelia, que se utiliza en el Código del Menor de España. Creo que en esto la Embajada de España  podría darnos una mano, facilitando la asesoría técnica necesaria.

Amelia propone que, a los de quince en adelante, se les debería emplear, en los llamados centros de reclusión, en trabajos físicos remunerados, para  que puedan ayudar a sus familias respectivas a sobrevivir. Esta medida,  se está implementando en Estados Unidos, donde los presos eran una fuente de trabajo esclavo para las empresas carcelarias.  También, propone Amelia, pasantías de  en centros de minusválidos para que entiendan el valor de la vida y el privilegio de la salud.  Esta medida implicaría un monitoreo psicológico estricto que, en sociedades como la nuestra, aún está por  implementarse.

A los  que cumplan condena, habría que darles un seguimiento y consejería sistemática, que, a falta de existir, aquí se sustituye con redadas nocturnas, donde la Policía  los pasa por el computador y si han tenido alguna condena los vuelve a apresar, aunque ya las han cumplido.  He sido testigo de esta práctica en varias ocasiones, donde me he apersonado a atestadas jaulas, donde los jóvenes permanecen de pie, sin instalaciones sanitarias y a oscuras, porque, según me dijo un sargento “hay que llenarle una cuota al teniente”.

A esto le daremos pa’ bajo en el próximo artículo.

El Nacional

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