Opinión

Los dos

Los dos

A contracorriente, pelean en pareja y de frente. Por cierto tiempo, uno al lado del otro, cuando no cara a cara. Retratados en The deuce / Los dos, serie de HBO que recoge esta expresión anglosajona en la que los pares se describen sinuosos, peculiares, dependientes, incluso confusos.

Gemelos, acaso parecidos o disímiles. Siendo así, marchan hombro con hombro, a la par. La vida, en su correr inconstante, los separa. Dialéctica que se resisten a aceptar, sobre todo, cuando las debilidades de sus almas se tornan satánicas para conspirar contra la propia naturaleza, como decir la humanidad con sus bondades.

Condenados a competir entre sí desde las entrañas, con metas y objetivos similares. Detrás de ser primeros hasta en lo peor, sitial al que los lleva el camino, y ellos procuran afanosos. Que de eso se trata en trastornados mundos sin valores. Para buscar no hay enseñanzas, basta con los bajos instintos.

Entonces los dos toman sendas diferentes para multiplicarse en sus maldades. Engendrados de un solo óvalo, un cigoto, replican sus comportamientos para combatir juntos y batirse a capa y espada en un duelo que promete ser letal. A esto los conduce el poder, efímero y rutilante.

Lo mejor que puede ocurrir en torno a esas duplas, no es que uno venza al otro, sino que ambos salgan de escena para dar paso a nuevas fórmulas y modelos corregidos y mejorados. Curada la sociedad por efecto del estudios que sobre Los dos nos habremos de dar en aras de no reproducirlos. Cada época trae sus fenómenos.

La extinción de tales expresiones defectuosas facilita el diseño y desarrollado de un pueblo donde la dualidad, unida o dividida, no resulte tan dañina y obsoleta. Dar así la bienvenida a generaciones condicionadas a la convivencia de manera incluyente sin las veleidades en que caen contados seres menores que llegan a creerse la historia del predestinado o el llamado, solo por romper con una condición social que creen haber superado. Típico: “nadie me ha dado nada, soy el mejor”. Entonces, siguen siendo Los dos, pero con un triste final.

El Nacional

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