Cada año aumentan las estadísticas de feminicidios en República Dominicana, lo que revela falta de medidas preventivas eficaces, de parte de las autoridades, para reducir esos lamentables sucesos.
Los hombres y las mujeres dominicanas tienen defectos y virtudes propios de nuestros valores culturales. No hay razón para describir al hombre como un monstruo, victimizar a la mujer en extremo ni mucho menos crear nuevas leyes para su protección. Las vigentes son suficientes.
Pero falta algo: todas las fiscalías, en el territorio nacional demandan de un Departamento de Salud Mental, con los sicólogos y siquiatras necesarios para prestar atención a parejas separadas en las cuales una de las partes, por lo menos, esté padeciendo depresión.
Y es que la gente común del pueblo no está en capacidad de manejar adecuadamente un rompimiento en su relación de pareja, que regularmente suele estar acompañado de sufrimientos y celos. Una mujer celosa es peligrosa, pero un hombre celoso y sufriendo es un peligro potencial.
Muchas jóvenes exhiben conductas incorrectas ante hombres que suplican reconciliación. Se conocen comentarios: Está bueno que sufra ese maldito, bastante malo que fue conmigo. Y hasta en su propia cara le dicen: ¡Ningún perdón, busque su seto, cucaracha! Y mientras la dama goza, quitada de bulla con su nuevo amor, el hombre planifica su próximo paso: suicidarse. Pero antes la elimina a ella, a quien considera culpable de su desgracia.
Ninguna mujer está obligada a convivir con un hombre a quien no ama, pero se evidencia falta de capacidad para manejar el caso. Es a las autoridades que corresponde proteger a esa muchacha, asesorarla sobre su conducta y advertirle del peligro que atraviesa. Y a ese hombre, mentalmente enfermo, hay que prohibirle acercamiento a su antigua pareja, al tiempo de ofrecerle las terapias sicológicas requeridas.
Las causas de los feminicidios ameritan atención. Para prevenir tantas tragedias contra las mujeres, las autoridades tienen que invertir y tratar el caso desde el punto de vista sicológico. Este es un país donde el dinero solo alcanza para robar, pero no para atender aspectos urgentes, como el feminicidio.

