Opinión

Los lectores opinan

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Reflexiones  del Comandante
Señor director:
Probablemente nadie en el mundo político de hoy acumula la experiencia y reputación como dirigente que tiene el doctor Fidel Castro Ruz. Por tanto, sus reflexiones entran en un terreno que aún sus más severos críticos les seducen sus lecturas.

Yo, que no he tenido simpatía con él ni su régimen, y que sigo no teniéndola, debo reconocer la probidad intelectual con la que ha homenajeado a Leonel Fernández y al pueblo dominicano, documentando sus reflexiones con expresiones cargadas de fino trato a la capacidad intelectiva del Presidente y al valor y la solidaridad de los dominicanos de todas las épocas.

Que conste, el señor Castro no es hombre exclamatorio con sus elogios, por lo que sus narraciones, bañadas de altas consideraciones para con su visitante, nos arrastran con marcadísimo reconocimiento a leerlas sin que la pasión política nos nuble la razón.

Fidel Castro tiene toda la historia latinoamericana en la cabeza y la relata con facilidad y precisión. Así que, en sus opiniones ha hecho las delicias de muchos dominicanos que leen estos relatos de sucesos; también nos permite encadenar algunos hechos que se desprenden de sus crónicas que nos ayudan a aclarar conceptos.

El líder cubano trata el tema del coronel Caamaño en sus “Reflexiones de su Encuentro con Leonel Fernández”, donde, cito: “Tampoco deseábamos que entregara su vida en cualquier momento, habríamos deseado circunstancias más favorable pero nuestra palabra era sagrada”; Pero a quién, pienso, y es cierto, libera ésta revelación?: a Dariel Alarcón Ramírez (Benigno), lugarteniente del Ché Guevara, y que en su libro: “Memorias de un Soldado Cubano”, expuso con claridad meridiana que el señor Castro no recibía a Caamaño y lo evadía en público, porque entendía que las circunstancias para su aventura no eran las más favorables. Aunque Castro no lo relata, y es obvio, el valiente militar se enfadaba con esa actitud, llegando, según relata “Benigno”, a agarrar por el cuello al comandante Barbarroja (Piñeyro) y obligarlo a organizar su salida de Cuba para Santo Domingo”. La verdad se abre paso por su peso y calado, pues, el régimen cubano con fines de acorralar al autor, le enrostraba que el libro era una sarta de mentiras desde el inicio hasta el final. Sin embargo, la confesión del Comandante hecha con visión realista, pragmática y flexible, conduce fácilmente a conocer con irrevocable firmeza la verdad de los sucesos referentes al “Coronel de Abril” en Cuba.

Asimismo, de las reflexiones publicadas el sábado 7 de marzo del 2009, en las páginas internacionales de El Nacional, dedicadas a otro comandante: Ramón Emilio Mejía del Castillo (Pichirilo), relata su encuentro con él, de su motivo inspirador para su compromiso revolucionario en años de lucha antitrujillista y antibatistiana, y que a partir de estas experiencias, ninguna dificultad le impidió (a Pichirilo) proseguir sus valientes acciones revolucionarias en la Guerra de Abril.

En estas reflexiones, el doctor Castro Ruz probablemente ha identificado el asunto más abrumador que afronta la figura histórica del doctor Balaguer: “los Incontrolables”. El líder revolucionario relatando la muerte de Pichirilo nos dice: “fue atacado a tiros el 12 de agosto del 1966 por los órganos de inteligencia de República Dominicana, durante la presidencia de Joaquín Balaguer, órganos que estaban bajo la égida del gobierno de los Estados Unidos”. Al final también señaló que: “el entierro devino en una combativa manifestación de repudio al débil gobierno de Balaguer”. ¿Qué se explica de aquellas circunstancias?: Que el doctor Balaguer tenía toda la razón cuando catalogó a esas fuerzas organizadas para el terror como “Incontrolables”, y que lo hacían por la propia debilidad de su incipiente régimen, como dice Castro.

Bueno, el “Comandante en Jefe” expone en sendas comunicaciones lo sustancial de la “fe” castrista con sus dimensiones de solidaridad y trascendencia como respuesta a los que viven de la detracción que por negligente educación, o por presentación falaz de la ideología, o incluso por defectos de su propia vida, han mantenido contra personalidades a quienes la gran mayoría del pueblo dominicano respeta.

Atentamente,

Manuel A. Fermín

El Nacional

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