A cada cerdo…
Señor director:
Nuestro país en los últimos diez años se ha convertido en una mina de delincuentes de todas las variedades.
Miramos a nuestro alrededor, y vemos jóvenes ocupados en el lamentable trabajo de despojar a los incautos de sus pertenencias, no limitándose a esto, sino, muchas veces quitándoles lo más valioso que tiene el ser humano: la vida.
Escuchamos decir que la droga camina junto a nosotros por las calles como si fuéramos parientes, que los militares están corrompidos por toda una gama de delitos, muchas mujeres son violentadas física y moralmente, a muchos políticos no les importa nada ni nadie, niños son utilizados como títeres para cometer todo tipo de trucos en el área de la estafa, y la trata de blancas aquí es tan fácil como ir al mercado.
Esta nación, que tiene tantos potenciales para convertirse en un paraíso del desarrollo, aparentemente está sumergida en el caos.
Asusta pensar que estas acciones nos muestran en el extranjero como la sede de la inseguridad civil.
Nos preguntamos si se puede poner un alto a lo que, en el fondo, consideramos que no tiene arreglo.
No debemos obviar, que la justicia, sea divina o humana, llega porque cada acción mala a corto o largo plazo tiene su merecido.
Y ésta es la razón por la cual no olvidemos que a cada cerdo le llega su San Martín.
Atentamente,
Rosa Estévez
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A propósito de Orlando
Señor director:
Ahora más que nunca, se hace más necesario en nuestra sociedad un periodismo responsable, critico, valiente, comprometido y objetivo con las mejores causas de este país.
Veo que la comunicación social que se está ejerciendo en nuestro país, no les permite a nuestros periodistas y reporteros hurgar más allá de la noticia cotidiana. ¿Es la cotidianidad noticiosa o son los intereses que se lo están tragando? No lo sé.
Aquí en nuestro país, hay que decirlo con toda responsabilidad, los periodistas y los medios de comunicación han perdido la independencia y la agresividad periodística de hace una tres décadas.
Es otra época, las circunstancias son otras, los actores son diferentes, sí, pero los problemas son los mismos.
Lo primero que debo decir, es que, soy parte de ese club de los periodistas de este tiempo, ya que me gradué de licenciado hace una década.
Aunque debo aclarar, que no he ejercido con la intensidad requerida, por ser absorbido por el sector pri vado en tareas propias del periodismo.
Pero a partir de este momento, comunico al país que asumiré mi tarea de comunicador a carta cabal, por radio, televisión y prensa escrita, sin caretas, sin compromisos y con juicio critico.
Repito, desde este momento, expresaré lo que pienso y lo que siento, desde el lugar donde me encuentre. No es posible permitir tanta complicidad, parecería que entre periodistas y poderosos haya un pacto de silencio.
Hay que romperle la virginidad al silencio y a la complicidad perversa que pone de rodillas a nuestra sociedad y producir los cambios que conduzcan a este pueblo a recuperar los valores de la decencia, dignidad, honestidad, solidaridad y justicia social que desde hace décadas se le viene negando.
Debemos, entre todos los periodistas de este tiempo, procurar hacer un ejercicio periodístico en donde el comportamiento profesional de Orlando Martínez sea el promedio y no la excepción.
Estoy consciente de que habrá muchos obstáculos, es verdad, pero hay que llevárselos por delante, porque es mejor morir peleando que de rodillas.
Invito, pues, a todos los jóvenes periodistas a que asumamos este compromiso sagrado de concluir la obra periodística que inició Orlando Martínez, en beneficio de nuestra sociedad.
Atentamente,
Alberto Quezada
