Opinión

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Operativos y seguridad

Señor director:
Los operativos nocturnos de la Policía en calles y avenidas del país se han convertido en un grave peligro para la seguridad ciudadana, ya que son múltiples los casos en que ciudadanos son acribillados a tiros por alegadamente “desobedecer” un llamo de detención de los agentes mientras conducen motocicletas o vehículos.

Oficiales y suboficiales policiales al mando de alistados, cada noche, “cumplen órdenes superiores”, según alegan, para realizar cateos (revisiones) de vehículos y motocicletas.

Caen en franca violación al Código Procesal Penal, que los obliga a actuar de esa manera sólo si cuentan con la presencia, instrucción u orden de un fiscal.

La situación de inseguridad ciudadana y la incapacidad de las autoridades para poner freno a la violencia y los crímenes, llevan a muchos oficiales y agentes de la Policía a constituirse en jueces y tribunales, haciendo “justicia”, igual que muchos delincuentes y sicarios, con sus propias manos, como si contaran con una ley que les dé esa facultad.

La oscuridad y áreas solitarias de los puentes, calles y avenidas son las zonas preferidas por los agentes para llamar el “alto” a los conductores con sus fusiles y ametralladoras amenazantes y en disposición de disparar.

Los conductores, temerosos de los agentes que están para resguardar la paz pública y la seguridad ciudadana, prefieren no responder a ese “alto” y continúan la marcha, sea porque no disponen de algunos documentos para conducir o por razones de seguridad.

Dos causas que nunca justifican una persecución, cual si fuesen delincuentes atrapados “con las manos en la masa” o en flagrante delito.

Pero la reacción de los agentes, además de la persecución, es disparar, no contra las gomas de los neumáticos para lograr detener al conductor, sino contra el mismo conductor y las personas que le acompañan, con el lamentable resultado de que los perseguidos o violadores del “alto” caen abatidos.

Justificación: “Desobedecieron una orden de detenerse y dispararon, por lo que cayeron en un intercambio de disparos”, añadiéndose al informe que éste o éstos portaban algún polvo blanco u  hojas que parecían ser drogas ilegales o armas ilegales, que al presentarse a los periodistas aparentan ser siempre las mismas incautadas previamente (revólveres, pistolas, chagones, escopetas, etcétera), además de los prontuarios delictivos que se les atribuye.

Los casos son múltiples, no merecen especificarlos, pues sólo hay que revisar los informes policiales y las publicaciones limitadas de los diarios, así como los alegatos de los familiares de las víctimas sobre la conducta de éstos.

La jefatura de la Policía debe ordenar el cese de esos operativos innecesarios, repudiados, represivos y amenazantes, y de realizarlos que los agentes se hagan acompañar debidamente de los fiscales adjuntos para que las incautaciones y acciones tengan la validez y justificación jurídicas ante los tribunales.

Si se quiere fortalecer la institucionalidad y la seguridad ciudadana, la Jefatura de la Policía debe contribuir a que sus agentes respeten las leyes y los derechos ciudadanos.

De continuar esas acciones deliberadas, entonces el problema está en manos del Presidente de la República, doctor Leonel Fernández Reyna, quien, acorde a sus facultades constituciones con decretos y decisiones contribuiría a fortalecer el régimen de Derechos que ha de prevalecer en la sociedad dominicana.

Atentamente,
Rafael Tomás Jaime

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Clásico de Béisbol

Señor director:
Tengo la firme convicción de que nuestra decepcionante participación en el llamado “Clásico de Béisbol”, hay que definirla como la gran trampa del dolor.

Esto así, porque todos los dominicanos de buena voluntad pasamos por la honda pena y el incurable dolor de palpar que nos azuzaron para llevarnos como el buey al degolladero y como el ave que se apresura a la red y no sabe que es en contra de su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón.

Atentamente,
Rusbel Giralty Trinidad Martínez

El Nacional

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