Opinión

Los lectores opinan

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Cebarse con los índices
Señor director:
La República Dominicana vista por algunos “cientistas sociales” habría que cerrarla en vez de alentarla. Casi a diario leemos u oímos de esas voces catastrofistas acerca del comportamiento de ciertos índices que nos llevan a la reflexión de que lo que se persigue es que demos un grito de impotencia ante el escenario extremista.

Mientras los que llevan estas estadísticas propias de academias se buscan una trascendencia más allá de las aulas; una referencia ideal, cuando tocan temas como la competitividad del país nos señalan que el cuadro es desolador. Sé que no hay “pros”, pero los contras lucen exagerados. ¿Y por qué no otros relativos a la tolerancia democrática, la paz pública, la paz laboral? Temas también positivos en donde el país exhibe índices socialmente vastos.

El empleo y la pobreza rural tienen índices que a mi me llaman la atención. Tenemos que el 62% de la población rural es pobre y, por tanto, carece de ocupación, sin embargo, las actividades agropecuarias las realizan extranjeros. Tremenda contradicción.

Es difícil de explicar estos indicadores que en nuestro país a veces caen en la inutilidad por la fuerza de la realidad. ¿Qué beneficio cosechamos del “índice del mejor talento” para jugar béisbol en el Clásico Mundial?

La efectividad de las estadísticas negativas cuaja cuando es para poner en apuros un eslogan de nobles metas: “e´ pa´ lante que vamos”, porque en manos del Gobierno suena desproporcionado. Si las cifras las usa el Ejecutivo para destacar avances, entonces la meta es que se diluyan porque suelen ser recursos electorales del orador.

Parece como si lo que impacta son las banalidades que insinúan frustraciones.

En esta nueva apuesta estudiarán que los dominicanos tenemos una posición baja en “la tasa de nupcialidad”; o, tal vez, alta de “vida concubinaria” por citar estos patéticos disparates.

Pero veamos cosas más serias. Estados Unidos es el país más competitivo de la lista, sin embargo, tiene acusaciones de proteccionismo con los automovilistas, con los aceristas, los productores agropecuarios, la banca comercial, inmobiliaria y de inversión, entonces, de qué índice de competitividad hablamos?

Hay índices muy interesantes que no estudian estos “cientistas”, por ejemplo: ¿Cuál es el “índice  de calamidad” que podrían provocar las grandes potencias nucleares? En esto no somos líderes, ¿o sí? La autoritaria China, además de muy competitiva, pero con millones de pobres, sostiene con sus ahorros al muy competitivo y democrático Estados Unidos. ¡Vaya usted a ver!

Otros índices de naciones desarrolladas en las que no competimos: “suicidios”, “de locos armados hasta los dientes”; “racismo”, o el de “matar a decenas de estudiantes en las escuelas”. ¿Por qué no destacar que Industrias Banilejas ha derrotado por cinco años consecutivos a los competitivos productores de Costa Rica, Colombia, México y Brasil, en las subastas de café que abre Puerto Rico?

No me cabe la menor duda que necean y que llevan animosidad los que con empecinamiento magnifican cada día las deficiencias, que son muchas, y no es de ocultarse. Cuando nuestra economía crece y se destaca surgen las ironías de quienes su característica esencial es la voluntad, más o menos explícita, pero siempre patente, de influir y contribuir como difusores del pesimismo, respondiendo a las peticiones de instancias políticas.

¿Acaso es optimismo irracional admitir que el crecimiento económico ayuda a la paz y a la prosperidad, porque genera trabajo y consolida el hábito de libertad?

Yo pienso que hay que insuflar la moral de los dominicanos. No hagamos escuela al pesimismo. Vamos a trasladarle a la ciudadanía la esperanza y lo positivo del ambiente político o, lo que es lo mismo, fe y democracia.

Atentamente,
Manuel A. Fermín

El Nacional

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