Opinión

Los lectores opinan

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Enfoque semanal
Señor director:
Para este lunes, está fijado el comienzo de los trabajos de la Asamblea Revisora de la Constitución, de los cuales se espera surja una nueva Carta Magna.

Por razones del feriado de Semana Santa, este trabajo lo escribimos con mucha antelación, por lo cual no sabemos el curso que habrá tomado el recurso de inconstitucionalidad elevado por tres conocidos abogados en contra de la ley que convocó a la Asamblea Revisora, bajo el pretexto de que no se trata de una modificación a la Ley Substantiva, sino de la redacción de una nueva.

Pero sin necesidad de poseer una bola de cristal para otear el futuro, que no consideramos necesaria, podemos adelantar que no creemos que la Suprema Corte de Justicia vaya a embarcarse en un peligroso curso de colisión entre el Poder Judicial y el Poder Legislativo.

Si la actual Constitución establece como único mecanismo de su reforma la Asamblea Revisora y la propia Ley de Leyes dispone la absoluta independencia, uno del otro, de los tres poderes del Estado, mal podría un órgano judicial, no importa su rango o jerarquía, interferir en las actuaciones de otro.

Por eso suscribimos y hacemos nuestra la correcta posición del presidente de la Cámara de Diputados, licenciado Julio César Valentín, quien categóricamente afirmó que no hay argumentos filosóficos, jurídicos o morales, que puedan servir de obstáculo a la reunión de la Asamblea Revisora.

El licenciado Valentín, un joven y brillante abogado santiaguero, donde hemos tenido tantas glorias del Derecho, entre los cuales bastaría con citar a esas cumbres que fueron los licenciados Genaro Pérez, Eduardo Sánchez Cabral y Federico Álvarez, es un político mesurado que ha sabido manejar con maestría la presidencia de la Cámara Baja, como igualmente ha hecho el buen amigo Reinaldo Pared Pérez, otro profesional del derecho capacitado, desde la presidencia del Senado.

Por ello no hay que abrigar temores, ni acudir a precipitados recursos de amparo alegando eventuales e hipotéticos perjuicios futuros a derechos fundamentales ya consagrados en nuestra Constitución, que si se va a modificar, es para mejorarla y ponerla a la altura de los tiempos. Llenando lagunas, eliminando errores o incongruencias, e incorporando nuevos derechos sociales, económicos y políticos para beneficio de todo el pueblo dominicano, no de un partido ni de un eventual aspirante a esta o aquella posición electiva.

Por ello también suscribimos la imploración de nuestro cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, para que Dios ilumine la mente de nuestros constituyentes, especialmente en cuestiones controversiales como el aborto y el matrimonio entre homosexuales.

Los tiempos cambian, como las costumbres y la moral de los pueblos, pero hay valores éticos que merecen conservarse, y esperamos así lo entiendan los amigos senadores y diputados.

Al reintegrarnos este lunes a las labores productivas, ojalá que el consenso se haga presente en la Asamblea Revisora de la Constitución, aunque las controversias y los disentimientos son pilares de todo ejercicio democrático.

Muchas gracias señor Director por la publicación de estas humildes opiniones.

Atentamente,
Julio César Jerez Whisky

El Nacional

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