Ansiedad por la crisis
Señor director:
Las posibilidades de un desgaste en la popularidad del Gobierno le servirían a la oposición para desbrozar el camino al poder. Esperar la crisis es entendible, pero tratar de desgastar al Gobierno mediante protestas violentas y solicitudes absurdas nos dice la poca madurez y miopía políticas. Qué vacíos de contenido, y más cuando usted carece de moral y eficiencia políticas para resolver crisis que ha contribuido a crear.
Ante el fracaso por los excesos del Gobierno, como dicen con regocijo, claro, sin pruebas racionales, se desborda un optimismo de triunfo que podríamos calificar de saludable para la democracia porque revela que no hay impaciencia por la lejanía de la oportunidad: 2010 y 2012. Para los fervorosos seguidores parece como si todo sucederá tan rápido como un amanecer o un atardecer. Celebran gozosos que la situación superará al Gobierno. Es decir, siguen jugando al fracaso.
Pese a sus buenas intenciones, el Presidente no la tendrá fácil para convencerlos de que tienen que sosegarse y dejar de invocar y promover lo peor: Él tumba su oído a la tierra para escuchar al pueblo y el perredeismo con oídos de mercaderes sólo oyen el ruido de la crisis global, y no aprecian que en el 2008 superamos los daños de un vendaval desolador: clima, altos costos de insumos, petróleo, finanzas, entre otros.
El grave error de la oposición ha sido subestimar a Leonel Fernández, quien en los últimos trece años ha penetrado aún más en la mentalidad dominicana; se ha convertido en referente. No es inusual ver la gente corriente y destacados líderes de la región reconociendo las cualidades de su oratoria para convencer su auditorio, recurso éste que algunos políticos dominicanos han usado con mucho éxito para trasladar la convicción de que las dificultades las afrontarán mejor que sus adversarios.
Para la oposición perredeísta, que no le deja espacio a la reflexión, el objetivo en sí no es la actividad política para educar al pueblo, para corregir sus males, no, es apostar porque la crisis sea lo más impactante para la economía nacional, aún no fuera por decisiones tercamente tomadas en el orden interno.
Cuando debieran de hacer gala de sabiduría política y de conocimiento de la realidad ante los acontecimientos que ocurren en el país y el mundo, tiene la Iglesia Católica a través de la Conferencia del Episcopado Dominicano, que darnos una visión completa de la sociedad dominicana que debiera ser considerada con profunda responsabilidad, no sólo por quienes nos gobiernan, sino muy especialmente, por los que aspiran a gobernarnos mejor. ¡Ah, pero sólo es de interés la violencia que generan las protestas tratando de ganar aplausos por esa tremenda incomprensión!. Hay que decir que el cuadro es mortal, mientras siguen maquinando la forma de buscar apoyos entre los escasos aliados políticos que le quedan, empleando la táctica de que todo apunta a un desastre económico y que hay que salvar el país. ¿Qué ponen en entredicho con esto? Que es imposible la interlocución política con quienes no enseñan valores.
Es indudable que el Gobierno en materia económica ha dado pruebas de templanza y moderación cuando se ha esforzado porque los efectos negativos de las crisis globales sean lo menos dañinas al país. El presidente Fernández sigue alentando el optimismo y nos anuncia que el crecimiento de la economía caerá a un tres por ciento, ?cifras que causaría sana envidia en otros países de la región? sin embargo, el perredeísmo la interpreta como que se desinfla Leonel Fernández, actitud ésta que nos da perfecta idea de la clara distancia entre la palabrería hueca de la dirigencia blanca y las políticas aplicadas desde el poder.
Ignoran que en una sociedad como la nuestra, extremadamente dependiente del poder público, es difícil neutralizar y estigmatizar a los espíritus más opuestos a las posibilidades de retorno desde la oposición cuando su recurso es el verbalismo demagógico tan bien aposentado precisamente en el Partido Revolucionario Dominicano.
Atentamente,
Manuel A. Fermín

