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Caras económicas
Señor director:

Luego de los estragos sufridos por el deterioro económico, influido por un ambiente poco propicio y además incómodo para negociar acuerdos de ajustes y manejo de la economía con los organismos multilaterales y las instituciones bancarias privadas, y en afán de recuperar valores genuinos que dieran idea clara de balance institucional, se ha logrado conseguir las garantías de un desempeño serio, honesto, honrado y eficaz en las áreas más delicadas de la administración pública: las recaudaciones impositivas (Aduanas, Impuestos Internos); Banco Central y Supervisión Bancaria; Secretaría de Hacienda y Economía y Banco de Reservas.

Este sector fue severamente afectado por las irresponsabilidades institucionales de un mundo político dominicano profundamente alterado por los escándalos, que terminaron hundiendo estas instituciones por decisiones tomadas con terquedad; el Banco Central y las Secretarías de Hacienda y Economía con insondables incertidumbres ante la evidencia de este vaciamiento institucional, tuvieron que luchar con destreza diseñando mecanismos de pago y políticas públicas que generaron la confianza para la promoción de la inversión pública y así fortalecer el músculo nacional. Nadie que sea sensato puede ignorar ese abismo en calidad política, intelectual y humana que imperaba en el ambiente siempre frágil y perturbador del área económica gubernamental.

Los funcionarios aludidos no sólo entendieron la crisis ?y entienden la de aquí y ahora? sino que emprendieron acciones correctas para corregirla, conscientes de que los problemas por resolver eran de tal calibre ?desde la crisis económica hasta el Acuerdo con el FMI?, que los éxitos no nos llegarían en días ni en semanas, ni en meses ni, probablemente, en años, aunque sin exagerar los conceptos, prácticamente fue una proeza la recuperación. Superado aquel vendaval, tenemos que ciertos “econocríticos” se dan el lujo de aparecer con la ominosa estrategia de sembrar dudas en la economía, ante el frenazo en el proceso de crecimiento económico, y sugieren buscar culpables precisamente en el equipo que ha probado eficiencia en su manejo. Y esto tiene un nombre: oportunismo despreciable. Hoy hay que luchar contra la nueva crisis y contra los que degradan y enervan el esfuerzo de quienes nos han sacado de la desolación.  Es inocultable que habrá baja en el crecimiento, quizás mayor que el previsto, pero las “caras económicas” con las que se ha desempeñado el Gobierno saben que el principal deber de ellos es velar por la estabilidad controlando las expectativas de inflación. Su responsabilidad ha sido actuar a tiempo y sin ruido.

El presidente Fernández ha protegido este equipo de marcado perfil económico y fiscal con alta remuneración –el gobernador del Banco Central gana el mismo salario del anterior, pero la acomodaticia “sociedad civil” lo encuentra oneroso no obstante permanecer en silencio cuando estas instituciones colapsaron afectando el nervio de la voluntad y seriedad nacionales.

La experiencia dominicana en el manejo de la administración pública es traumática, pues no ha valido encontrarse con funcionarios que tenidos como brillantes terminan arruinados en el mundo de los mediocres. Este infierno de la política dominicana ha estado lleno de mediocridades y de gestos falsos, con la agravante de que nunca han ocultado su ferviente deseo de poder para lograr sus ventajas y posicionamientos que le permitan abrir brechas en las arcas públicas.

Así que, si seguíamos en esta actitud, lo más probable es que con lo difícil que es descubrir las virtudes esenciales de quienes van a ejercer la función pública, siguiéramos entonces despilfarrando oportunidades.

Atentamente,
Manuel A. Fermín

El Nacional

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