Opinión

Los lectores opinan

Los lectores opinan

Señor director:
Aún mofándose de llamarle “antigualla”, algunos menesterosos de la supervivencia política dominicana, no podrán evitar que el reviejuelo estadista desaparecido pero no olvidado, sea reconocido como un gobernante que supo enfrentar descalabros nacionales sin tener que presentarse como todo un prestidigitador. Balaguer tuvo el entrenamiento para exigirle y lograr de los dominicanos sacudirse de encima la pesada losa que posaba sobre la República después de ser sometida al vendaval de la ineptitud, del saqueo, y por último, al total desánimo dejado por la “guerra de abril”.

Levantó codo a codo la infraestructura nacional jamás construida (con ahorro interno) desafiando precariedades, fenómenos climáticos y políticos que nunca le doblegaron.

 Así le vimos acometer obras tan importantes como fue el caso de San Juan de la Maguana ?pero con vocación de implantación en todo el territorio? donde inició la construcción al mismo tiempo? de las represas de Sabaneta y Sabana Yegua, la presa derivadora y el canal Yaque del Sur-Azua, y el canal José Joaquín Puello, jornadas homéricas que dinamizaban la región y la República.

Su plan de austeridad, pero inclinado con toda energía por el gasto público alto, generó electricidad, préstamos en el Bagrícola, mejoró y construyó miles de kilómetros de carreteras, caminos; miles de kms. de cables del tendido eléctrico, millones de dominicanos tuvieron acceso a cobertura sanitaria, modernizó escuelas, ayudó a las universidades, la formación de maestros, ayudas alimenticias a millones de personas, decenas de miles de viviendas, reforma agraria, canales de riego, en fin, sacó comunidades del ostracismo económico, verbigracia, Azua y María Trinidad Sánchez, que fueron “dos campos de concentración” del trujillato.

Tanta concreción le ganó apoyo popular e hizo más difícil a la febril oposición para que resistiera. La lucidez que brilló con todo su esplendor le hizo crecer capital político para sacar adelante con el máximo apoyo de sectores políticos, económicos y militares, todo ese programa de recuperación y fortalecimiento del músculo nacional.

Además de su obra material, demostró que no hay adversarios irreconciliables. Eso sí, en medio siempre de esa frágil tregua, mantuvo con firmeza innegociable su vocación por el poder. Nunca las cámaras fotográficas plasmaron gestos forzados en él, y en la solidez a su experiencia y responsabilidad políticas radicó la fuerza de su poder que le transfirió a la hoy espiritada y moribunda organización política que le sustentó.

Los conflictos de intereses se destapaban como trapiche: despidiendo todo un tufo mal oliente de inconductas, pero él sobresalía por su acrisolado celo con los fondos públicos recaudados, que hoy le gana el respeto de quienes le adversaron, incluso con vesania.

Los seguidores del fenecido líder están de enhoramala; pues aunque su estilo de gobierno hace escuela en casi todos los gobernantes latinoamericanos, no cuentan con una estructura que le valide. Claro, en cuanto a la tenacidad, la determinación y la laboriosidad que no se detuvo nunca ni siquiera por las intermitencias del cambio de mando, rompió esquemas que le hicieron ser abismalmente diferente. Todavía su legado actúa con advertencias constantes sobretodo en momentos de crisis. Supo asumir con templanza y carácter aquellos momentos en que hubo de ser necesario escapar de las turbulencias nacionales e internacionales, manteniéndose en una zona geopolítica de poder en la que se repartían subvenciones, pero se exigían contrapartidas.

Hoy en día en donde parece que hay un día y un año para todo, tendrá en la historia su sitial, honrado por las generaciones que deberán apartarse de las tendencias individualistas y sectarias más contradictorias, para reconocerle sus ejecutorias por la nación.

¡Vaya antigualla, cuando su obra y su modelo lucen tan actuales como los periódicos!

Atentamente,

Manuel A. Fermín

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación