Señor director:
Definido claramente el panorama político, ahora inclinado a favor de Miguel Vargas y el PRD, a Leonel Fernández y Federico Antún, no les ha quedado más remedio que liquidar lo que nos queda del Partido Reformista. El sabio Salomón habría logrado una repartición más equitativa, pero están muy distantes los sagrados episodios. Irrefutablemente traumático ha sido éste, que deja al electorado dominicano sin una tercera opción. Falta, apenas, saber el destino que tomarán los bienes inmuebles del PRSC, menos disminuido aún que su caudal de militantes.
El acuerdo firmado recientemente con el presidente Fernández, no es más que un premio de consolación con la vana pretensión de equilibrar las fuerzas. O dar la impresión de que es así. Ejercicio de ecuación postergado, por tanto inoportuno y fallido. La gente ha guardado silencio, el sagrado silencio que provoca la pérdida de un ser querido o de una figura venerable.
El Partido Reformista ha sido, en cierta forma, apreciado y respetado por más de una generación. Ícono de la democracia, irrefutablemente.
Sin embargo, este momento no favorece una liquidación o transformación política, pura y simple. Los hazañosos años que parieron grandes hombres, revolucionarios y decididos, han quedado atrás. Años que aprovechara Bosch para, de alguna forma, sacrificarse abriendo tienda aparte con unos cuantos de sus apóstoles. Al PRSC, ahora en desbandada, le han tocado otros tiempos. Los del posicionamiento político a cualquier costo. Encuestas, estudios y auditoría de imagen trazan la pauta.
Aún así, con los instrumentos de medición para deslindar y proyectar intereses y conveniencias, particulares o grupales, la dirigencia a cargo de tan apresurada tarea, como ésta de tasar y saldar al PRSC, ha empleado apenas sus gestiones en una suerte de sálvese quien pueda distante de las justas aspiraciones de una humilde militancia que les siguió durante los años de penas y glorias.
Ese acuerdo ha sido firmado cuando ya no es necesario contar con los votos de los asambleístas reformistas para lograr el consenso a que aspira el Presidente. En política, lo que no es realmente funcional o útil, es pura comedia. Un sainete forzado, para encubrir otros propósitos. Tales espectáculos reciben una sabia respuesta del pueblo, ignorándolas o mofándose de ellas.
De ahí que pase inadvertida, a no ser por las diligencias mediáticas encargadas de darle vigencia.
El entendimiento político nos conduce a dar aquiescencia a rumores acerca de las exageradas demandas hechas por los dirigentes que aún administran la licencia reformista. Aspiran a ocupar decenas de curules en el Congreso. Y, sin calcular la resistencia peledeísta, han sobrevalorado lo que les queda. Desconociendo, asimismo, las fuerzas de Danilo Medina, sobredimensionan las negociaciones, dándolas como un hecho definitivo.
En cuanto a la disyuntiva PRD ó PLD, ya resuelta por una decena de legisladores y millares de seguidores de Balaguer al pasar al PRD, es necesario determinar la efectividad de las presiones que han estado recibiendo Quique Antún y una docena de legisladores, a los fines de que tomen el camino morado en vez del blanco. Los reformistas cercanos al Presidente, ocasionalmente eficaces por los recursos que manejan, están a punto de conseguir que Quique y Amable Aristy les extiendan un cheque en blanco, endosando los últimos días del PRSC al canciller Morales Troncoso.
Otro aspecto que se les ha escapado a los negociadores es que, hace tiempo, los legisladores y dirigentes medios del PRSC hicieron conciencia de la falta de liderazgo y representación de la dirigencia que sucedió a Balaguer. Tomarán la senda que les dicten sus legítimos y soberanos intereses. Nadie va a negociar por nosotros, dicen a boca llena reformistas de la base de toda la vida.
Atentamente,
Eduardo Álvarez

