El embajador Montoya
Señor director:
El día 24 de febrero último, el presidente Leonel Fernández recibió las cartas credenciales de varios embajadores, entre ellos, el general retirado del Ejército de Colombia, Mario Montoya.
El general Montoya fue el cerebro que diseñó la estrategia para rescatar a la ex-candidata vicepresidencial Ingrid Betancourt, secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y mantenida en cautiverio por siete años, sin disparar un solo tiro.
Las FARC, que es la guerrilla con más largo historial alzada en las selvas colombianas, acusa al general Montoya de eliminaciones sumarias, como si ella repartiera confetis en su guerra contra quienes no coinciden con sus planteamientos y filosofía marxista.
El mundo reconoce los excesos incurridos por las FARC en 40 años de alzamiento, inclusive su vinculación con el narcotráfico a quienes cobran peajes para ejercer sus actividades reñidas por las leyes colombianas, y como una fuente primigenia de sus ingresos, una vez colapsado el sistema totalitario en la entonces URSS, nodriza económica y filosófica.
El general Montoya ha sido acusado caprichosamente por el dirigente marxista Narciso Isa Conde de presumiblemente ingresar al país con el propósito de eliminarle físicamente, algo risible e increíble, en primer lugar, porque en el supuesto que fuera cierto, el general Montoya no necesitara apersonarse al país con un rango de embajador, sino que desde su país se sirviera de sicarios para materializar la ocurrencia de Narciso.
En segundo término, resulta jalda arriba concebir que el embajador de un país con el cual sostenemos relaciones cordiales con su presidente Álvaro Uribe, concuerde designar a un enviado diplomático para ocasionarle problemas al país receptor de esa misión. A su edad, es aconsejable a Narciso serenarse.
Atentamente,
Ubi Rivas
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Agradece editorial
Señor director:
Tengo el honor de saludarle, con el afecto de siempre, ocasión que aprovecho para agradecer, en mi nombre y en el de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), los términos del editorial de ese diario correspondiente a la edición del día 24 de febrero, en el que enjuicia pronunciamientos del jefe para el Caribe de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA), señor Javier Peña, sobre la lucha contra el narcotráfico por parte de las autoridades dominicanas.
El punto de vista del diario bajo su dirección, considerado por nosotros como uno de los principales aliados que tenemos en esta tarea, obliga a la DNCD a mantenerse alerta y no desmayar, tomando en cuenta la actitud positiva de los responsables de la DEA en Washington, conforme lo ha comunicado el señor Peña, lo que implica que el trabajo está dejando sus frutos, como vienen reclamando la sociedad en general.
Sostengo que la cooperación es fundamental en este tipo de lucha, y eso se produce entre las autoridades dominicanas y estadounidenses, igual que las de otros países de la región y del mundo, en especial de Europa, porque esos aliados nuestros están convencidos, y nosotros no lo podemos negar, que la Isla Hispaniola (República Dominicana y Haití) ha sido utilizada siempre como puente por los carteles de las drogas para llevar su ilegal mercancía a otros puntos.
Independientemente de otros juicios emitidos sobre el particular por ese diario, específicamente en lo relativo a la actitud que debe asumir Estados Unidos, lo importante es que el gobierno dominicano está inmerso en la creación de una plataforma para ejecutar de manera eficiente su plan estratégico contra el narcotráfico, lo que implica adquirir los equipos que demanden las circunstancias. Ese plan también incluye la lucha contra el microtráfico.
Le ratifico nuestro agradecimiento por los términos de la nota editorial, porque son una clara interpretación de los requerimientos planteados en distintos foros para que la lucha que estamos librando tenga éxito y también le reitero que la posición de El Nacional, igual que la de otros medios, nos da fuerza para seguir combatiendo por todos los flancos este terrible problema llamado narcotráfico.
Atentamente,
Gilberto S. Delgado Valdez,
Mayor General, F.A.D. (D.E.M.)
Presidente DNCD
