Señor director:
Este grito de Emiliano Zapata, revolucionario agrarista mexicano de principios de siglo pasado y aliado de Pancho Villa, es mitad demagógico y mitad justiciero con la gran franja de obreros agrícolas sin tierras de aquí y del mundo entero. Balaguer lo usaba en los días de su Código Agrario.
Nadie duda que un echa días sin estabilidad física para un crédito, con rudimentos administrativos y gerenciales, con solo empirismo en la técnica agrícola y con escasa visión de mercado está destinado al fracaso rotundo.
Aquí cuaja la función social del Estado o de su mano visible que es el gobierno. Ya no en forma de Sovkoz o Colkoz que fracasaron en la estructura soviética, frente a la pequeña propiedad marginal cuyo esfuerzo y estímulo de lo propio aventajaba con mucho a la tierra colectivizada en producción, productividad y beneficios netos para el pequeño propietario.
En Cuba la socialización agraria mantiene sin producción poco más de un 50% de las tierras captadas.
Se trata de una plantación Cooperativa Arrocera subsidiada por el Estado a base de crédito supervisado, asistencia gerencial, técnica y de mercadeo pero respetando la intención hacia la propiedad privada potencial de cada agrocooperativista.
Sépase que los parceleros de Reforma Agraria protagonistas de tierras arroceras producen, bajo términos comparables a los señalados arriba, el 50% de consumo nacional de arroz.
Extrañó a muchos que el Procurador General de la República se adjudicara, si no la propiedad, pero sí la administración del emporio arrocero del malogrado minuscapo Quirino en San Juan de la Maguana.
Se entendía que el Procurador, sin llegar a administrar justicia al menos la procurara, pero que nunca sobresaliera como administrador de tierras del Estado.
El IAD, en cambio, tiene por ley la función de captar tierras susceptibles de producción agrícola y pecuaria que pasen del propietario expropiado, según la Constitución y las leyes, a manos del Estado.
Y, finalmente, el agricultor sin tierra.
También la administración de Bienes Nacionales debe salvaguardar y disponer de bienes urbanos y rurales que pasen a ser patrimonio del Estado.
Pero al Procurador General no se le conoce esa función.
Pero hete aquí que el grito de Zapata resonó en el Sur a partir de la bronca garganta de agricultores sin tierras que reclaman las tierras arroceras de Quirino con ríspida sed de justicia evangélica.
El eco del grito tuvo tal resonancia que la Policía Nacional improvisó allí con razón un destacamento para silenciarlo en espera de órdenes precisas y para evitar que el precio caiga en manos tanto débiles como poderosas.
El presidente Leonel Fernández, líder juvenil urbano ya, desde Villa Juana, tal vez no sepa del amor apasionado a la tierra, pero tiene la gran oportunidad de convertirse además en líder agrario innovador realizando una reforma agraria en las tierras de Quirino.
Ya la primera parte de la reforma se ha realizado. Por ley, la tierra pertenece al Estado. Sólo falta traspasarla, no en propiedad privada todavía sino potencial, en forma de Cooperativas de Productores Agrícolas. Sin fraccionarla en forma de minifundio ineficiente sino conservando el fundo entero como plantación arrocera. Ni en forma de Sovkoz soviético por fracasado ni en forma de Kiboutz Israelí por adelantado.
Además, por la innovación tecnológica, ese gesto del presidente Fernández, líder político internacional, resonará con aplauso político en todo el ámbito rural del país y en toda América Latina que busca nuevas formas de desarrollo rural.
Ahí tiene Leonel Fernández, su montaña agraria, al ingeniero Frank Rodríguez de nuevo Director del IAD, dotado de experiencia y dinamismo para llevar a cabo con éxito este proyecto.
Atentamente,
Lic. Francisco Dorta-Duque
